Llévese un sonido

Por Alejandra Trejo Poo

¿Qué tanto podemos escuchar si estamos en un lugar de la vida cotidiana? ¿Qué tanto podemos percibir los sonidos de nuestro hábitat o de nuestro lugar de trabajo? ¿Qué dicen los sonidos a los que no estamos acostumbrados a prestarles atención? ¿Qué historia hay detrás de ellos?

El pasado viernes 30 de septiembre, por parte del Seminario de Antropología del Sonido que se imparte en la Esuela Nacional de Antropología e Historia (en la Ciudad de México), decidimos hacer una exploración sonora en los alrededores de la ENAH. Nos dividimos en dos equipos, uno fue al Centro Comercial de Cuicuilco y el otro al mercado que está a unas cuadras de la Escuela.

El mercado se encuentra a un costado de una de las avenidas más transitadas de la Ciudad de México, en una zona que quizá muchos de los que transitan por ahí no saben que existe. Al mismo tiempo es un lugar que otros tantos recurren por tradición o necesidad, ya sea porque es su fuente de trabajo o porque es el sitio de donde sustentan los alimentos para el hogar.

Primeramente, visitamos la zona arqueológica de la pirámide de Cuicuilco y de ahí partió nuestra exploración. Iniciamos desde el espacio ecológico-arqueológico, luego transitamos hacia la zona universitaria, y de ahí caminamos por los callejones que nos encaminaban hacia el mercado. Todo esto ocurrió, aproximadamente, a las 11 de la mañana. Escuchemos a continuación el registro sonoro de dicho trayecto:

En el trayecto, primero se escucha el ambiente universitario al salir de la escuela, luego los sonidos que se encontraban en la calle, y luego los sonidos del mercado que iban incrementando conforme nos acercábamos a éste. Al llegar, lo que más se escucha es el sonido de la tortillería, incluso se percibe como éste va aumentando, ya que pasé justo enfrente de ella.

Al entrar, se escuchan sonidos que parecen ser característicos del lugar. El primero es del aplanador de carne:

y el segundo de diferentes radios que emitían voces o canciones junto con pláticas, ruidos, movimientos, pasos y demás de los marchantes y compradores:

En ambos casos se percibe constantemente el sonido de la tortillería, pues además de ser muy característico del lugar, se inserta como sonido de fondo para casi cualquier sitio. Mientras caminaba, escuché la voz de un vendedor que me dijo: “¿qué va a llevar, güerita?”, junto con el sonido del aplanador de carne que se encontraba cerca:

Caminando por el mercado, podemos también escuchar distintos sonidos que salen de radios sonando al mismo tiempo, cada una con su género de preferencia según el dueño del lugar, que a la vez interfieren con el espacio acústico de los que están cerca:

Hay a quienes les molesta cierto tipo de música, como el pollero, quien nos comentó que no le gusta la música moderna.

En un momento decidí sentarme en un sitio para escuchar los sonidos que se encontraban cerca. En ese lugar llegó un trabajador con un uniforme que decía “Bimbo” a entregarle varios paquetes de pan dulce, donas y demás al vendedor de la tienda de abarrotes que se encontraba dentro del mercado. Todo pasó justo arriba de mí, ya que yo estaba sentada en el piso que está a un costado de esta tienda. Esto fue lo que escuché en ese momento:

Posteriormente, decidí recorrer el lugar de comercio, y tuve el encuentro con dos trabajadores, quienes amablemente me ofrecieron unos minutos para hacerles una entrevista en la que me hablaron de los sonidos del mercado desde su propia perspectiva. La primera persona con la que hablé fue un pollero, él me comentó algo muy interesante respecto a los momentos de silencio que llega a haber en el mercado. A mí me pareció sorprendente porque no pensé que pudiera considerarse silencioso este lugar, ya que tiene una gran abundancia de sonidos. Escuchemos:

La segunda persona fue una vendedora de zapatos que se encuentra cerca de la entrada del mercado. Ella me habló sobre los sonidos que desde su perspectiva describen al lugar. Sus palabras me dieron una idea de no sólo lo que suena, sino también lo que está pasando a partir de lo que se escucha. Esto me hizo pensar que escuchar es también entender las situaciones en las que se produce el sonido:

También me habló de los sonidos que le gustan y que le disgustan, los cuales devienen tanto de los sonido que produce directamente y de los que están cerca de ella:

Finalmente con esta pequeña exploración en un lugar que no conocía, me di cuenta de los tesoros que pueden tener los sonidos del mercado, sabiendo lo que significa un sonido para distintas personas, o lo que escuchan otros, a lo que quizá no muchos le ponemos atención. Pero sobre todo me di cuenta de lo que implica grabar, guardar, escuchar de nuevo y recordar esos sonidos que ahora he archivado, y que son particulares no sólo de un pequeño lugar escondido en la ciudad, sino de un único día a una hora particular.

Una experiencia etnográfica en el estudio de la música como factor de diferenciación social en Tlacotalpan Veracruz, México

Emma Leticia Ruíz Torija

Escuela Nacional de Antropología e Historia

emmatorija@hotmail.com

Introducción

La presente ponencia tiene como objetivo principal exponer, de forma general, la investigación doctoral que actualmente desarrollo, titulada “Las diferencias socioculturales de la población de Tlacotalpan, Veracruz y su relación con la experiencia en torno a las músicas”, con la finalidad de mostrar una reflexión sobre mi experiencia etnográfica. En aras de alcanzar lo anterior, en la primera parte de la ponencia abordo los puntos más importantes del proyecto de investigación que han dado forma a la tesis. Para ello, resalto las interrogantes, los objetivos y supuestos de trabajo que dan cuerpo al análisis doctoral. En segundo término, muestro la manera en que realizo actualmente el trabajo de campo, expongo la forma en que me he acercado a la localidad, así como también las herramientas y técnicas utilizadas para la indagación empírica. Por último, señalo una reflexión acerca del qué hacer etnográfico, específicamente, sobre los dilemas a los que se enfrenta el etnógrafo, en su intención de querer entender un “lenguaje nativo” o una perspectiva emic desconocida, en muchas ocasiones escurridiza.

Desarrollo

De esta forma, es importante destacar que mi inquietud por investigar las expresiones musicales en el municipio de Tlacotalpan, Veracruz, nace a raíz de que observé la importancia que tiene la música en la localidad. En 2012 tuve la oportunidad de concluir con la investigación de maestría, sobre los cambios generados en la vida de la población de la ciudad de Tlacotalpan, después de las inundaciones de septiembre y octubre de 2010. Con base en este trabajo, pude darme cuenta de que la vida diaria y el orden simbólico de la población estaban estrechamente ligados con el tema de la música. Por ejemplo, en cada relato1 sobre el desastre, las personas exponían comentarios sobre su experiencia vivida y la música. Fue así como surgió una de las interrogantes iniciales más importantes, ¿Qué papel está jugando la música en la dinámica sociocultural de la población del municipio?

Además, gracias a ese estudio precedente pude darme cuenta de que, las diferencias socioculturales de la población intervienen en su experiencia social, esta incluye la manera en que se enfrenta un desastre, o se convive con los vecinos; dicha información me generó la inquietud de saber, ¿Qué relación tiene la diferencia social entre los habitantes del municipio y la música? Esto último, marcó la pauta para plantear la pregunta más importante de la investigación, la cual versa así: Desde el punto de vista de los lugareños, ¿Cómo se expresan las diferencias socioculturales de la población del municipio de Tlacotalpan, Veracruz en la construcción de su experiencia en torno a las músicas?

Con base en el trabajo de campo, puedo exponer que dicha interrogante es pertinente debido a que, la población presenta un abanico de expresiones musicales que han convivido a lo largo de su historia. Estas expresiones están representadas por grupos de “salsa” como La Orquesta Salsabor, el grupo Sibemol, entre otros; por el cantante de “trova” y “bolero” Flavio Salamanca, con la presencia de la “música de banda” con la Orquesta de Oro Tlacotalpan; con grupos de música cuyo instrumento principal es el teclado y recientemente, con el rapero de diez y seis años Rafael Lara. Estas agrupaciones musicales y/o artistas mantienen su presencia en bailes públicos dirigidos para el disfrute de la población oriunda y turística, donde se puede notar la participación de los habitantes de la zona centro de la ciudad, las colonias periféricas a ella y el área de los ranchos.

En relación a lo anterior, el objetivo general de la investigación es el siguiente: Indagar y analizar cómo se están expresando las diferencias socioculturales de la población del municipio de Tlacotalpan, en la construcción de su experiencia en torno a las músicas. Esto, con la finalidad de alcanzar los siguientes objetivos específicos: 1) Escudriñar cuáles son los elementos que los pobladores establecen para identificarse y distinguirse socioculturalmente dentro de la localidad; 2) Analizar qué marcas simbólicas generan ellos para expresar dicha diferenciación e identificación; 3) Investigar sobre los saberes y experiencias, que desde el juicio de la población de Tlacotalpan, se generan en torno a las músicas creadas ahí, 4) Analizar de qué forma las diferencias socioculturales de los lugareños pueden estar expresándose en su experiencia musical y 5) Escudriñar e interpretar cuál es el significado simbólico de tal vivencia.

En aras de cumplir estos objetivos planteo dos supuestos de investigación:

a) Las diferencias socioculturales de la población del municipio de Tlacotalpan, construidas históricamente, se expresan a través de sus saberes y experiencias en torno a las músicas; b) la experiencia musical de los pobladores es expresión simbólica de un proceso de exclusión, prescindencia sociocultural y de una lógica social de evasión del “otro”.

Con el presente trabajo de investigación, argumento la importancia que adquiere el estudio de la música, desde una perspectiva antropológica, en el entendimiento, no solo del orden simbólico de una sociedad, sino de la forma en que ésta es organizada política, económica y culturalmente. Pretendo reforzar el postulado de que el estudio antropológico de la música es útil para profundizar en la investigación de una sociedad, más allá del tema de la recreación, el esparcimiento, la estética, lo lúdico o la cohesión social. En este trabajo destaco que, el estudio de la música da luz sobre procesos de diferenciación social, así como de orden simbólico, los cuales tienen injerencia actualmente en la experiencia de vida de los actores. De esta manera, en mi análisis pretendo profundizar en el estudio de la música, vista como una ventana para conocer la construcción de identificaciones, distinciones y sentidos de pertenencia, bajo las cuales, una localidad genera marcas simbólicas de diferencia social. Considero que es en la experiencia en torno a las músicas, que los actores sociales pueden reconocerse a sí mismos y paralelamente, legitimar diferencias respecto al otro.

En aras de responder a la pregunta de investigación, es necesario mencionar cuál es mi universo de análisis. Así, el estudio se realiza en el municipio de Tlacotalpan, Veracruz, porque, es un lugar donde ha existido la convivencia de varias prácticas musicales a lo largo de su historia, y además, con base en el trabajo de campo, considero que la música tiene un lugar importante en la dinámica sociocultural, incluso en estados de profunda crisis como el desastre de 2010. Como lo mencioné anteriormente, en la localidad existe la creación musical de varios géneros. Si bien haré una descripción sobre las diferentes prácticas musicales, sólo me centraré en la música denominada por la población como: “música con teclados”, la cual maneja aquel instrumento como base de su creación. La forma en que se crea y difunde esta práctica musical expresa las diferencias socioculturales de la población, así como el orden simbólico que le subyace.

De esta forma, me centro en tres zonas que, a partir de una investigación precedente, denomino como zona centro de la ciudad, las colonias periféricas al centro y el área de los ranchos. Esto, con la intención de indagar sobre las experiencias musicales de la población con referencia a esas tres áreas. Con base en el trabajo de maestría, me di cuenta de que esa división espacial tiene injerencia, en la forma en que se vive una determinada experiencia social. De entre esta población, las unidades de análisis han sido habitantes de cada una de las zonas mencionadas. Las edades de las personas entrevistadas oscilan entre los diez y seis y cincuenta años; ocho personas han sido hombres y las otras cinco restantes son mujeres.

El análisis de la práctica de la música con teclado se centra en varias agrupaciones locales, dos son pertenecientes a la ciudad de Tlacotalpan, el de la zona centro es “Caballito Show” y el de las colonias periféricas es el extinto conjunto “Universo 2000”, el cual fue reconocido fuera del área estatal. Las otras dos agrupaciones están integradas por músicos originarios de la zona de los ranchos, los cuales de forma intermitente, sin profesionalizar del todo su trabajo participan en bailes o fiestas de cumpleaños en esa área del municipio.

Ahora bien, asentado lo anterior, es importante mencionar, de forma breve, cómo es que he realizado el trabajo de indagación empírica.

El trabajo de campo alrededor de la investigación sobre las músicas en Tlacotalpan, lo he realizado desde diciembre de 2012, pero he tenido acercamientos a la localidad desde abril de 2010. Desde el principio del trabajo me he valido de varias herramientas etnográficas, sin embargo, la que ha fomentado acercamientos profundos es la plática informal. A pesar de su característica casual, estas conversaciones me han dado la oportunidad de conocer las diferentes facetas de los colaboradores de la investigación. Tal herramienta posibilitó saber no sólo sobre el tema de la música, sino sobre los vínculos afectivos, relaciones económicas, historias familiares, recuerdos dolorosos. Me ha permitido quitar ese halo formal y acartonado de los primeros acercamientos con las personas. Es bajo la plática informal que logré concertar citas para posteriores entrevistas a profundidad. Éstas últimas, me posibilitaron escudriñar acerca de temas de importancia capital para la investigación, como la historia familiar y personal de los colaboradores, su experiencia de vida diaria, además de su vivencia en torno a las músicas. Utilizar esta herramienta ha vuelto posible que no sólo coleccione datos empíricos, sino que además, me adentre en un diálogo de retroalimentación humana. Otra de las herramientas utilizadas es la observación participante en fiestas patronales, bailes locales, reuniones familiares o en las que participa la mayoría de la localidad; como clausuras de ciclos escolares, eventos de propaganda y cierre de campañas políticas, eventos especiales como campañas de salud, velorios, entre otros. Sin embargo, me he dado a la tarea, antes de participar de forma parca, de escuchar, intentar hacer una investigación empírica donde no sólo observe, sino que escuche con atención, con verdadero interés en la experiencia de las personas.

De igual forma, utilizo el clip de video para observar y escuchar los ensayos de las agrupaciones locales, así como también la algarabía generada por la población alrededor de la experiencia. Escucho las producciones musicales, que los colaboradores consideran que son parte de su acervo familiar y personal. Por último, utilizo la fotografía para captar la expresión gráfica, de varias de las marcas simbólicas de diferencia sociocultural a nivel de la indumentaria, así como los lugares de reunión preferenciales.

Durante esta labor de trabajo de campo, he tenido algunos problemas para lograr entrevistas de los habitantes del área de los ranchos, ha sido un trabajo arduo de persuasión, dada la desconfianza que sienten hacia las personas que no sean oriundas de esa zona. En la parte de la ciudad, los pobladores se han mostrado interesados en el trabajo, muy amablemente me regalan material fotográfico, clips de video y audio para continuar con la investigación, además, me permiten asistir o participar en eventos locales. Falta por seguir reforzando el trabajo en el área de los ranchos, cuestión que realizaré en las estancias de trabajo de campo venideras.

Ahora bien, queriendo alcanzar el objetivo de esta ponencia, retomo una de las ideas de Francisco Cruces (2003) sobre el qué hacer etnográfico actual, la cual dice que “…el trabajo de campo no es sólo una narrativa: es también una experiencia…” (Cruces, 2003: 162) Y, desde mi propia vivencia, la he experimentado en dos niveles, en el personal y en el plano metodológico.

Al primero lo denomino así porque tiene que ver con una postura propia. Ésta ha desencadenado una nueva actitud, en el momento de utilizar herramientas y técnicas etnográficas para escuchar a la población de Tlacotalpan. Dicho sea de paso, esta postura-actitud ha sido influenciada por el trabajo de varios antropólogos sensibles a la condición humana y por las personas de Tlacotalpan que acceden a platicar sobre su vida.

Al respecto, el antropólogo colombiano Alejandro Castillejo (2003) ha realizado reflexiones importantes, sobre el trabajo de campo desde una postura sensible al acontecer social, él se enfocó en situaciones de violencia. De entre sus muchos textos, “El antropólogo como otro: Conocimiento, hegemonía y el proyecto antropológico”, es un trabajo con el que mi propia investigación tiene cercanía; el tema del silencio y la evasión de las personas para hablar con el etnógrafo es lo que empató con mi experiencia.

Al llegar a Tlacotalpan me vi en la disyuntiva común del antropólogo en campo, ¿dónde instalarme? No conocía el lugar, así que tuve que confiar en los servidores de transporte público, quienes me indicaron algunas casas donde alquilaban cuartos. La elección en qué lugar hospedarme fue algo meramente circunstancial. Así, tomé una de las decisiones que han configurado la forma en cómo me acerco al tema de estudio.

Renté un lugar en la colonia centro histórico, en la ciudad de Tlacotalpan. Los viáticos alcanzaron y tuve la oportunidad de estar bastante cómoda. Sin embargo, mi ubicación física determinó la forma en que la población de Tlacotalpan me observó a partir de ese momento. Para unas personas me encuentro más cercana a su vida diaria, a la forma de vestir, de bailar y caminar, pero para otras soy completamente ajena, extraña y entrometida. Ahora me doy cuenta que escoger, incluso, dónde hospedarte, tiene implicaciones para el trabajo a futuro.

Así comencé el trabajo de campo. Entablé pláticas informales en la calle, conocí a muchas personas solidarias para hacer la investigación. Varios músicos me dieron entrevistas, material de video y audio. Tuve la oportunidad de escuchar, junto con varios miembros de familias nucleares, todo su acervo musical. Participé en tertulias donde la memoria familiar era el centro de las pláticas. He escuchado historias, relatos sobre cómo la música es el centro de romances, pleitos y del desastre ocurrido en 2010. Pero, todas estas historias fueron narradas por la población que habita la ciudad de Tlacotalpan. Durante la revisión de las historias, relatos y pistas de música, logré darme cuenta de que no tenía información sobre la población que vive en la zona de los ranchos. Eran escasos los datos sobre las prácticas musicales o la historia del desarrollo socio histórico en esa área. Mi tesis precedente de la localidad sólo concierne a la ciudad. Por tal motivo, decidí regresar a la localidad con el objetivo de acercarme a dicha población.

Al intentar entrevistar a los pobladores de la zona de los ranchos, me topé con dos actitudes muy marcadas, el silencio y la evasión. Intenté entablar pláticas informales con aquellas personas y sólo recibía evasiones sobre cualquier tema, respuestas con palabras monosilábicas: si y no era lo único que obtenía; podría decirse que me acerqué con una estrategia errónea, es decir, quise entablar conversación en los lugares de trabajo de las personas. Al darme cuenta de ello, cambié la estrategia, concerté citas fuera del tiempo laboral, pero la respuesta fue la misma, seguía presente la evasión y el silencio. Pronto me desesperé, pidiendo asesoría me di cuenta que la primera elección que hice llegando a Tlacotalpan, hospedarme en la ciudad, sí había tenido implicaciones, pero en ese momento no me di cuenta de la profundidad del tema.

Seguí las sugerencias, me acerqué a la población del área de los ranchos y se me dio la oportunidad de ser atendida con amabilidad y respeto, pero la información ha tardado en llegar, el acceso no es fácil, en esa zona del municipio soy vista como ajena, extraña y entrometida.

Sin embargo, los impedimentos que vivo para acercarme a la población de los ranchos, van más allá de las implicaciones políticas que tiene hospedarse en un lugar u otro. Es importante saber que, la localidad del municipio de Tlacotalpan vive en un contexto donde el silencio y la evasión son parte de las interrelaciones sociales y las prácticas culturales. Castillejo habla en su texto de algo similar sobre su trabajo en el Sur de África y la lucha antiapartheid, específicamente, cuando menciona sobre el trabajo de campo que hizo en Ciudad del Cabo y la localidad segregada de Gugulethu, para saber cómo se recuerdan (y se olvidan) dos eventos relacionados con esa lucha en ambos lugares. En la localidad de Gugulethu se encontró con el silencio de la población para relatar un hecho en específico, la muerte de siete jóvenes; en comparación con la actitud en ciudad del Cabo, donde las personas le otorgaron, -después se dio cuenta que superficialmente-, la facilidad de acceder a lo que sucedió, respecto a la muerte de tres niños a manos de la fuerza de seguridad. (Castillejo, 2003: 16)

En este sentido, menciona que “…con el fin de ocultar las divergencias políticas que existían en los movimientos de liberación en el área, el silencio se había convertido en la mejor manera de manejar las fracturas ideológicas.” (Castillejo, 2003: 17) Para Castillejo “…el silencio que las madres me solicitaron respetar, y pronto entendí que precisamente era este silencio, y las formas y fisonomías que tenía, lo que constituía la textura del recuerdo en la Sudáfrica contemporánea.” (Castillejo, 2003: 19) Es decir, la situación que vive un antropólogo para hacer el trabajo de campo es expresión de un contexto en específico. En Tlacotalpan sucede algo parecido, dentro de la población del área de los ranchos existe una actitud de evasión del otro que es diferente, gracias a que históricamente ellos han estado sujetos a una prescindencia social en el ámbito económico, cultural, político en el municipio de Tlacotalpan. Ya lo mencionaba el etnohistoriador mexicano Aguirre Beltrán: Este es un proceso que se ha generado entre la población del municipio; comenzó a partir del impulso que da, a Tlacotalpan, la agregación de población española y su desarrollo económico y social. Como un espejo, este empuje económico, social y político refleja “…la emergencia de un sentimiento de prescindencia desplazamiento y despojo en la población india que ésta nutre y fomenta. Al correr del tiempo, el complejo ideológico crece y se desenvuelve en contienda étnica que enfrenta a naturales y gente de razón y los segrega…” (Aguirre Beltrán, 2008: 263) Aguirre Beltrán menciona en su texto que este sentimiento se presenta en la población india. Considero que este proceso sentó las bases para la actual diferenciación, entre la población de la ciudad versus la de los del ranchos, así como también, entre la población del centro histórico versus habitantes de las colonias periféricas.

Esta prescindencia ha llevado a la población que habita dicha zona a evitarme, a no darme entrevistas y guardar silencio. Pero, este silencio denota algo importante. Paradójicamente, es el silencio, lo que se calla, la voz que expresa la diferenciación sociocultural entre los habitantes del municipio. Una diferencia que supongo está impregnada de exclusión social.

Los rasgos de dicha exclusión los he podido observar, en la forma en que las personas citadinas se diferencian de los habitantes del área de los ranchos, a través de estas frases, “…en esa camioneta va la rancherada…”, o “…a este baile viene la pura rancherada”, “…esta música la oye la rancherada…”, entre otras. Es importante mencionar que tales comentarios no evitan el establecimiento de lazos afectivos, vecinales y familiares. Este termino, la rancherada, es utilizado por la población del centro histórico para distinguirse del otro; también lo he observado en sus prácticas musicales. Uno de los términos usados para referirse a la música que se crea en la zona de los ranchos es la de “música chuntata”. Desde la perspectiva de la población urbana, éste tipo de música se caracteriza por contener sólo un instrumento, este es, el teclado, pues según ellos, la población que habita los ranchos no tiene los recursos para comprar uno diferente o acceder al estudio formal de la música, además, sólo tocan en eventos propios de la zona: fiestas de cumpleaños, del Santo patrono, bodas, etcétera. Esto ha sido desmentido. Por el momento, puedo mencionar que en los ranchos Pérez y Jiménez, San Jerónimo, La Candelaria, entre otros, una de las prácticas musicales vigente es el Son jarocho, además, existen conjuntos de música de banda.

En este sentido, la población de la ciudad desconoce la gama de creaciones musicales que hacen las personas en los ranchos, no saben sobre sus fiestas patronales o su dinámica de vida diaria. Existen relaciones laborales, vecinales y lazos matrimoniales entre ellos, pero están impregnados de referencias de corte peyorativo, como el término rancherada o música chuntata. Esta actitud de la población citadina hacia los habitantes de los ranchos ha tenido una respuesta, el silencio. Quedarse callado dice mucho. Las opiniones que he podido escuchar de la población de la zona de los ranchos callan las fracturas internas, entre la población urbícola y ellos. A excepción de unas cuantas personas entrevistadas, tales habitantes prefieren hablar de las bondades de vivir ahí, de lo apacible que se encuentran, de la comida, la música o el baile. Pareciera como si sus vecinos en la ciudad no estuvieran presentes en su entorno.

Cabe resaltar que, cuando un habitante de los ranchos tiene mucho contacto con la ciudad por sus actividades diarias, es blanco de bromas sarcásticas, así como de reclamos hechos por familiares y vecinos, respecto a su lealtad al lugar de origen o su supuesta adhesión a la vida en la ciudad. El contacto que mantienen con las personas citadinas es diaria, así como necesaria, sin embargo, tal situación no quiere decir que se sientan parte de su dinámica. Es decir, la población habitante de los ranchos se reconoce como parte de su lugar de origen, son oriundos de ahí, antes que pertenecer a la jurisdicción del municipio. De tal manera, mantienen en el nivel simbólico un distanciamiento frente a sus vecinos urbícolas.

Esta situación la pude detectar poniendo atención en el silencio de las personas. Para ello, he tenido un cambio sobre la experiencia etnográfica a nivel metodológico y por ende, adquirí una actitud personal distinta. Las técnicas y herramientas para obtener información ahora son para mí, los medios de conocimiento etnográfico, para saber un poco sobre las personas, el hilo que me conduce a desentrañar algunas de sus ideas, emociones, pasiones y conflictos; además que sientan las bases para la retroalimentación, pues en esos encuentros también comparto parte de mis propias experiencias con mesura.

Sensibilizar mi propio trabajo de campo es la meta a corto plazo. Si bien, me interesa saber cuáles son sus opiniones respecto a las diferencias socioculturales y las prácticas musicales, he intentado ser sensible a su falta de respuesta. Lo que he hecho es reflexionar sobre la pertinencia de utilizar los medios de conocimiento etnográfico, antes de elegir ponerlos en práctica, pero sobre todo, parafraseando a Castillejo, intento revisar, de manera especial, las condiciones históricas bajos la cuales estos silencios se consolidan, en vez de “adjudicarle” a los pobladores en forma paternalista un espacio, dentro de “mi” texto. (Castillejo: 2003: 19)

Conclusión

Para finalizar mi ponencia, quiero recalcar que ser sensible a lo que se calla, me ha implicado un trabajo de campo que tenga conciencia, no sólo de las condiciones históricas de los silencios, sino que además me ha ratificado lo que planteó Díaz Cruz sobre la experiencia, “…comprendemos a los otros y sus narrativas a partir de nuestras experiencias y autocomprensión, a partir de nuestro horizonte y tradición, siempre provisionales con disposición al cambio, inestables y en conflicto”. (Díaz, 1997:13) Esta presencia etnográfica, como cualquier experiencia social, intenta estructurar la vida sin fijarla. (Turner: 1985: 202 en Díaz, 1997: 13) Parafraseando a Díaz, la experiencia etnográfica no es estable, ni inmediata, tampoco le precede un esquema conceptual que la ordene u organice del todo, porque el lenguaje teórico en tanto institución, los dispositivos tecnológicos de expresión en uso, los símbolos o tipos simbólicos que legitiman y sirven de referente de la existencia social no están dados de una vez por todas: son temporales, ambiguos y recreados. La experiencia etnográfica, el significado que le atribuimos, los valores que le asignamos, los afectos que nos provocan, las expresiones con las que la organizamos, cambiantes, constituyen un todo, un todo en movimiento. (Díaz, 1997:13) Es así como, me adhiero al planteamiento de Francisco Cruces, cuando dice que ya no podemos hacer etnografías con final feliz, en donde las sociedades parecían estables. Ahora la etnografía que realizo la hago con base en mis propios cambios de postura metodológica, aspirando a mostrar una localidad en movimiento.

Bibliografía

Aguirre Beltrán, Gonzalo

2008 Pobladores del Papaloapan: Biografía de una Hoya, Publicaciones de la Casa Chata, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social/ Gobierno del Estado de Veracruz, 3ª. Ed., México, pp. 323

Castillejo Cuellar, Alejandro

2005 “El antropólogo como otro: Conocimiento, hegemonía y el proyecto antropológico”, Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, Universidad de los Andes, Bogotá, No. 1, julio-diciembre, pp. 15-37, disponible en internet en: http://redalyc.uaemex.mx

Cruces, Francisco

2003 “Etnografías sin final feliz. Sobre las condiciones de posibilidad de trabajo de campo urbano en contextos globalizados”, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Tomo LVIII, Cuaderno 2, pp.161-178, [fecha de consulta 15 de octubre de 2013], disponible en internet en: http://rdtp.revistas.csic.es

Díaz Cruz, Rodrigo

1997 “La vivencia en circulación. Una antropología de la experiencia” en Revista Alteridades, México, pp.5-15

Ruíz Torija, Emma Leticia

2012 Antropología de los desastres: el caso de las inundaciones de agosto y septiembre de 2010 en la Ciudad de Tlacotalpan, Veracruz, tesis de maestría, México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, pp. 118

1Cuando la gente entregaba las despensas a los ranchos más alejados, se hacía el recorrido en lancha porque estaba todo inundado. En una de las lanchas iba tocando la jarana y declamando décimas un sonero muy famoso de Tlacotalpan, César Lara Corro. Él iba tocando mientras se entregaban las despensas. Se sentía mucha tristeza en las décimas, pero él tocó como demostrando que Tlacotalpan seguía de pie a pesar de todo.” (Entrevista realizada a la Sra. Anabel Lara, febrero de 2012) (Ruíz, 2012: 82)

La ecualización globalizada en el siglo XXI

por Gerardo Zárate Terrazas

A través de diversos textos, el sociólogo Néstor García Canclini enuncia el proceso de Ecualización1 como una analogía al uso y apropiación de diversos elementos culturales, los cuales logran generar una mezcla o hibridación que puede ser observada en diversos productos culturales que se desprenden de esto. Se trata de un proceso complejo que se desenvuelve en un contexto en donde la globalización rige los flujos socio-culturales, modificando e impactando localidades e identidades con las que entra en contacto.

Pero, ¿a qué nos referimos al hablar de ecualización? Canclini retoma este término del ambiente musical, el cual se refiere al uso de dispositivos acústicos que nos permitan modificar los sonidos, dichas modificaciones van a ser realizadas de acuerdo al criterio particular de quien lo elabore. Es por ello, que cualidades sonoras pueden modificarse, maquillarse o estar sujetas a filtros en la búsqueda de un resultado sonoro particular. La problemática que se desprende de este proceso es que a pasar de poseer enormes y diversas posibilidades, se ha optado por estandarizar un resultado que a la larga genere en todos una sensación de familiaridad con los que se escuche, a pasar de tener diversos orígenes.

Para ejemplificar un poco lo mencionado anteriormente retomaremos el caso de la llamada “world music” o música del mundo. Se trata de un género musical establecido en los años ochenta por algunas de las disqueras más grandes como SONY o BMG, las cuáles utilizan esta etiqueta para incorporar música tradicional de diversas regiones y culturas del planeta. Esta idea parte de un contexto de globalización, en el cual se quiere vender una idea de cercanía a múltiples discursos musicales a nivel mundial que se pueden conocer y que uno puede asimilar de manera muy sencilla, a pesar de lo distintas que sean esas culturas. El papel que juega la ecualización ante esta tendencia es el de facilitar la escucha de los distintos discursos seleccionados. Siendo así, no importa si la música que se escucha proviene de regiones culturales distantes, ya que se aminorarán las diferencias a través de filtros para generar una escucha más amable, aunque para ello se tengan que eliminar muchos de los rasgos tímbricos característicos de los instrumentos que se graban. Como ejemplo de lo mencionado previamente agregaremos el siguiente video:

De acuerdo con lo anterior podemos preguntarnos lo siguiente: ¿Hacia dónde nos conduce el ecualizar los rasgos culturales y musicales de una determinada sociedad ignorando su contexto?, ¿qué problemas se generan al tratar de seleccionar ciertos elementos de determinada cultura?, ¿quiénes y para qué realizan este filtro de elementos?, ¿de qué manera se incrementa este fenómeno con el actual proceso de globalización? En un periodo como el actual, donde la globalización ha permitido una desterritorialización, es decir, que múltiples elementos se muevan de manera rápida sin tener que estar atados a un lugar específico, existe una gran conexión y contacto con diversos elementos culturales los cuales nos es posible conocer por las facilidades que los medios de comunicación nos permiten. Debido a esto, múltiples áreas se ven enriquecidas por el acercamiento a otros elementos culturales que les pueden servir para ser incorporados a sus discursos, aunque pertenezcan a otro contexto. El problema que surge aquí es la manera en que este proceso de ecualización tiende a fomentar la idea de una hibridación tranquilizadora2, en donde elementos diferentes llegan a ser matizados, haciendo de lado su diversidad y fomentando la idea de que las fronteras que existen, así como las características que pueden ayudar a definir una cultura a través de sus rasgos culturales, se ven disminuidas.

Por otro lado, es posible que la ecualización nos permita ampliar la problemática y realizar otras lecturas sobre ella. La manera de escuchar por ejemplo, la cual ha sido modificada durante el siglo XX y aún en este siglo continúa evolucionando, ya que múltiples dispositivos han permitido crear una perspectiva particular sobre lo que las personas esperan de una experiencia sonora, generando en ellas un estándar que se debe cumplir. Además, existe la influencia que se ha dado a través de una escucha estandariza en contenidos y sonoridades, que se fomenta en lugares como centros comerciales, cafés o plazas en donde la música sirve como en relleno o una atmósfera, donde mantiene un rango de intensidad regulado. Entonces, la ecualización puede abarcar desde el proceso sonoro y musical, hasta lo que puede ser todo el sistema de mercadotecnia que rodea a un producto, como lo pueden ser los videos, presentaciones o ediciones de un producto, que generan una familiaridad y atracción para las personas que deseen adquirir cierto artículo. A través de ésta propuesta nos es posible reflexionar sobre los procesos que se derivan de una apropiación, ya no sólo musical, sino cultural y toda la problemática que se desprende de esto si es enfocado solamente a la parte mercantil. El hacerlo de esta manera seguirá generando una hibridación prematura, que se crea por la necesidad de seleccionar ciertos elementos y mezclarlos con otros para generar una suerte de acercamiento cultural superficial.

Además, otra tendencia que sigue vigente y se refuerza en este proceso de una ecualización globalizada es el hecho de hablar de dos tipos de regiones culturales, en donde la hegemonía que ejerce una sobre la otra por factores económicos y políticos es visible. Para ejemplificar esta situación nos remitiremos por un lado a la propuesta del semiólogo ruso Iuri Lotman, quién habla en su semiósfera cultural de un núcleo y una periferia3; y por otro lado a la propuesta del sociólogo Boaventura de Sousa Santos, donde menciona la existencia de un norte y un sur4, no sólo en la geografía global, sino en la distribución y peso de las regiones. El hacer esta distinción es importante al describir este fenómeno porque la mayor parte del tiempo los elementos seleccionados para géneros musicales como la world music son tomados de países periféricos o del sur, los cuales se retoman para su “rescate” y difusión en los medios masivos, pero lo que sucede es que el proceso de edición es realizado en las casas disqueras que se encuentran en regiones dominantes, los cuales determinan que es lo que debe tomarse de esa música y como es que debe ser escuchada. Entonces en estos casos particulares, los procesos de hibridación entre culturas no se dan de manera equilibrada, ya que responden a los intereses comerciales que surgen para convertir a estos discursos en productos rentables, sin tomar en cuenta los contextos particulares de donde se desprenden.

Dentro de toda esta tendencia al uso de elementos culturales propios de una cultura, existen otras posibilidades de uso que amplían y permiten otro enfoque o acercamiento. Por medio de la visión de los artistas es posible generar un acercamiento distinto dentro de este sistema, ya que en muchas ocasiones su visión para apropiarse de elementos culturales locales, no se ve atada a condicionamientos mercantiles. Es así que en la literatura, la música o las artes visuales, por mencionar algunos ejemplos, nos es posible acercarnos a imaginarios que se desprenden de un contacto directo con determinados rasgos culturales que son plasmados en sus discursos.

El fenómeno de globalización tiende a ser homogeneizante en muchas de sus propuestas. Pero de acuerdo con García Canclini esto no se ha logrado consolidar del todo, y mucho menos en terrenos como el cultural y el artístico que se ven como una opción dentro de este complejo entramado de intercambios y relaciones de poder. Además existe la ventaja de que los nuevos flujos de interconexión que brindan los nuevos medios como el internet no estén sólo a disposición de unos cuantos, lo cual permite que podamos entrar en contacto con nuevas propuestas o incluso dar a conocer las nuestras, sin vernos atados a una única perspectiva que nos sea dada desde un centro hegemónico.

1 García Canclini, Nestor. 1999. La Globalización Imaginada, México: Paidós, p. 197.
2 García Canclini, Nestor. 1997. “Culturas Híbridas y estrategias comunicacionales”. Estudios sobre las culturas contemporáneas. Época II. Vol. III. Núm 5, Colima, Junio, pp. 109 – 128.
3 Lotman, Iuri. 1996. La semiosfera I. Trad. Desiderio Navarro. Madrid: Ediciones Cátedra, p. 17.
4 de Sousa Santos, Boaventura. 2009. Una Epistemología del Sur: La reinvención del conocimiento y la emancipación social. Ed, José Guadalupe Gandarilla Salgado. México: Siglo XXI: CLACSO, p. 12.