La escucha musical cuando bailamos

Ana Luisa Treviño Montoya

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Durante un largo tiempo he conocido personas que consideran que cuando bailamos al ritmo de una canción, la música se queda como “música de fondo”, ya que la actividad principal es la del movimiento al hacer nuestros pasos de baile. Se puede llegar a pensar que sólo es necesario escuchar un fragmento de una pieza musical para conocer el ritmo, y que con eso es más que suficiente para poder sincronizar nuestros movimientos con la música y con nuestra pareja de baile, enfocando nuestra atención en bailar y pasando la música a segundo plano.

La música de fondo se considera como “música para no ser escuchada” según Alejandro Vainer (2013). El diccionario Glosbe (https://es.glosbe.com/) la define como música reproducida en un espacio público, cuya función principal es crear un clima adecuado para una ocasión específica, más que para ser escuchada. Josep Martí diferencia la música de fondo de la de concierto, por las características que tiene de presentarse: a diferencia de un concierto, la música de fondo se presenta de manera desritualizada, sin comienzos, sin finales, pausas ni aplausos.

A veces esto también ocurre en los establecimientos dedicados a la danza no profesional, principalmente cuando la música es reproducida por algún artefacto electrónico. No existen silencios entre una y otra canción y todo el tiempo estamos bajo una escucha musical. La situación cambia un poco cuando la música es en vivo, ya que los instrumentistas pueden tomar una pausa entre canciones, pero eso no sucede siempre.

Cuando una persona va a algún espacio dedicado al baile, piensa que va sólo a bailar, no a escuchar música, y entonces, ¿cómo bailas si no escuchas la música?, ¿cómo es que nos damos cuenta cuándo cambió el ritmo y adaptamos nuestro movimiento a la música escuchada? Como menciona David Toop (2016), “te puedes tapar los ojos, pero no los oídos”, siempre estamos bajo una escucha y es más obvio cuando depende de nuestra escucha el movimiento como resultado.

Según investigadores, para poder sincronizar nuestros movimientos con la música, es necesario una escucha activa. Para este tipo de escucha es necesario un buen porcentaje de nuestra atención, a diferencia de la escucha pasiva, en donde no prestamos atención a lo que estamos escuchando y a veces ni siquiera somos conscientes de que alguna canción está sonando.

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Cuando bailamos, el cuerpo se convierte en un resonador, donde la música y el movimiento su fusionan, se vuelven uno solo, existen simultáneamente. La escucha esta ahí, es la que impulsa el movimiento, cualquiera que sea, a estar bajo el régimen de algún ritmo conocido o no conocido. No importa si prestas atención a tu pareja de baile, al entorno en el que estás, si hablas mientras agitas tus brazos o mueves tus piernas de un lado a otro: tu cerebro esta escuchando y el cuerpo respondiendo.
Es inevitable ser atrapados por el ritmo musical, de manera psicológica y biológica, el cuerpo está listo para producir un movimiento al percibir un ritmo amigable o que nos ha fascinado desde años atrás. El circuito cerebral, que se enciende al percibir un ritmo musical, está estrechamente relacionado con áreas que involucran control motor y, es por esto que al percibir un ritmo nuestro cuerpo se prepara para ejecutar algún movimiento, por mínimo que sea, como mover un dedo, marcar el ritmo con el pie o hasta tararear lo que se está escuchando.

Gracias a que parte de nuestra atención esta en la música, podemos decidir con qué intensidad, distancia y velocidad se harán los movimientos. Una de las áreas que mayor trabajo tiene aquí es el cerebelo, el cual se encarga de patrones de movimiento y de correcciones motoras para poder sincronizar adecuadamente nuestro cuerpo al ritmo musical. Así, tu cuerpo lleva el mismo ritmo que está escuchando; nosotros no llevamos a la música, la música nos lleva a nosotros.

No es música de fondo la que escuchamos al bailar, es la música y el cuerpo en sintonía, en resonancia. No es una escucha pasiva, no es “música para no ser escuchada”, es una escucha activa, es música que se ejecuta con el cuerpo, es una retroalimentación de escucha y producción constante.

Si tu movimiento depende de la música, lo que escuchas no pasa a segundo plano, al contrario, es tu guía principal.


BIBLIOGRAFÍA

Zatorre, Robert, Joice Chen & Virginia Penhune. (2007). “When the brain plays music: auditory–motor interactions in music perception and production”. Nature Reviews Neuroscience, 8(7), 547–558. https://doi.org/10.1038/nrn2152

Esparza, D.Y., Larue, J. (2008). “Interacciones cognitivo-motoras: el papel de la representación motora”. Rev. Neurol, 46 (4), pp. 219-224.

Vainer, Alejandro, (2013).” Música de fondo. Música para no ser escuchada”. Topía. Disponible: https://www.topia.com.ar/articulos/m%C3%BAsica-fondo-m%C3%BAsica-no-ser-escuchada

Martí, Josep. (2002). “Músicas invisibles: la música ambiental como objeto de reflexión”. Trans, (6), 8. Disponible: http://www.sibetrans.com/trans/articulo/234/musicas-invisibles-la-musica-ambiental-como-objeto-de-reflexion

Toop, David. (2016). Resonancia siniestra: el oyente como médium. Buenos Aires: Caja Negra.