Guitarra imaginante

Gerardo Zárate Terrazas.
Egresado de la maestría en música, FaM UNAM.
mayo, 2019

El rol de la imaginación en la vida diaria de una sociedad o una persona es un elemento que puede sonar un tanto lejano o poco trascendente. Sin embargo, cotidianamente nos vemos envueltos en una serie de imágenes que se desbordan a nuestro alrededor y que de alguna manera influencian o, en ocasiones, condicionan lo que podemos adoptar como nuestra realidad. De acuerdo con el antropólogo Arjun Appadurai, “la imaginación posee un sentido proyectivo, el de ser un preludio a algún tipo de expresión, sea estética o de otra índole”(Appadurai, 2001: 10). Es así que tanto imágenes, sonidos que encontramos en nuestro entorno, canciones, películas o algún otro elemento pueden conectarnos con alguna idea, fantasía o memoria que active ciertas proyecciones o deseos en nuestra mente.

El tema de la imaginación puede ser analizado desde diversas perspectivas y casos de estudio. En este texto nos enfocaremos en analizar la conexión que esta produce en determinado tipo de música. De manera particular, la reflexión se hará en torno de la llamada “guitarra clásica”, género de interés para el autor, ya que es el área donde se desenvuelve profesionalmente, realizando actividad como concertista y profesor.

Pero, ¿por qué es importante llevar la discusión de la imaginación a la música? En uno de sus textos, Sara Cohen menciona que la música “evoca y organiza memorias colectivas y presenta experiencias de lugar con una intensidad, poder y simplicidad, por encima de cualquier otra actividad social”(Cohen, 2007: 182). De esta manera, analizar cómo se pueden desprender determinados imaginarios en la gente que asiste a escuchar cierta música resulta una problemática relevante.

Por lo tanto, a continuación enunciaremos algunas preguntas que se desprenden de dicha inquietud: ¿existe un vínculo importante entre la imaginación y la música?, ¿es fácil para el público conectar con el repertorio de este instrumento?, ¿qué tanto se desprenden los imaginarios sociales durante un concierto de “guitarra clásica”?

La música de concierto para guitarra posee una serie convenciones que vienen de una tradición heredada que se construyó y desarrolló en el continente europeo, y que se reflejan en un repertorio que se ha ido consolidando a lo largo de más de dos siglos con publicaciones de métodos y obras, las cuales han ido creando una serie de sonoridades y rasgos característicos en el instrumento. Además, la guitarra se ha nutrido de nuevos discursos y estéticas cada vez que un compositor de diferente procedencia escribe obras para ella.

Por supuesto, existe un público, relativamente pequeño, que conoce de antemano la sonoridad de la guitarra clásica. Sin embargo, para la mayoría de la gente resulta una experiencia un tanto nueva escuchar este instrumento. De ello se desprende el interés en conocer el impacto que puede causar un concierto de guitarra. Cabe resaltar que, a diferencia de otros eventos, donde se presentan otros grupos y géneros musicales, el público del concierto de guitarra se mantiene prácticamente estático, solo escuchando, convención que repercute de manera significativa en la experiencia del escucha.

Ejemplificaré lo anterior con un caso de estudio reciente: un recital de guitarra que se realizó en el salón de la parroquia de San Jerónimo Caleras, Puebla, el día 13 de abril del presente año. En el concierto se presentó un solista de guitarra clásica, presentando un repertorio de piezas pertenecientes al canon guitarrístico, que incluía compositores representativos del instrumento como Leo Brouwer, Joaquín Rodrigo, Alberto Ginastera, Simone Iannarelli y Francisco Tárrega.

Durante la presentación, el intérprete hizo algunos comentarios breves, que servían como una introducción y volvían el ejercicio de escucha más didáctico para el público presente, siendo que la mayoría de las personas no había tenido contacto con el material presentado. Cabe especificar que el lugar donde se realizó el concierto tiene una capacidad de aproximadamente 150 personas, y en esa ocasión asistieron aproximadamente 35. Otro dato relevante es que el espacio consta de un pequeño escenario que cuenta con un equipo de sonido, mismo que se utilizó para amplificar la guitarra con un micrófono. El recital tuvo una duración de 50 minutos aproximadamente.

Al finalizar el evento se pidió a algunos asistentes que contestaran a tres preguntas que se les hicieron, esto con el objetivo de tener un acercamiento a su experiencia de escucha. Se entrevistó a un grupo de siete personas. Dentro de los entrevistados, se encontraban dos músicos que también participaron en el concierto, y los otros cinco eran personas originarias de la comunidad mencionada, que asistieron por cuenta propia. El rango de edad se encontraba entre los 26 a los 64 años. Dicho lo anterior, estas fueron las preguntas realizadas.

Pregunta uno: ¿Qué caracteriza el sonido de la guitarra?

Entre las respuestas obtenidas, se describe al instrumento como nostálgico, romántico, como un canto, íntimo, un estilo que no se conocía, interesante, con un sonido suave.

Pregunta dos: ¿El escuchar música de este tipo estimula tu imaginación? De ser así, ¿qué tipo de imágenes viene tu mente?

Entre las respuestas encontradas, se menciona la generación de una especie de recuerdo, de conexión con imágenes de otros lugares, y para algunos el hecho de traer a su mente a algún ser querido. Otros mencionaron que la escucha los remitía no solo a imágenes, sino también a emociones como ternura, agitación o enojo.

Pregunta tres: ¿Qué pieza les gustó más y por qué?

En este caso, seis de los sietes entrevistados respondieron que la pieza que más les había gustado es una obra titulada L’ultimo Caffe Insieme, del compositor Simone Iannarelli. Esta pieza tiene un lenguaje tonal, un tempo moderado, una melodía y armonías que crean una atmósfera tranquila. Además, la mayoría comentó que le parecía una pieza evocativa que genera una sensación nostálgica, una sensación o idea de despedida. Por ello, esta pieza les resulta tan estimulante y significativa. Solo una de las siete personas mencionó la pieza de Francisco Tárrega, la cual había escuchado con anterioridad, y sentía una conexión especial por recordarle a un familiar.

“La música tiene una habilidad peculiar de producir lugar, sin embargo esta habilidad depende de la situación social específica y el contexto en el cual la música es interpretada y escuchada” (Cohen, 2007: 182). A partir de las ideas de Cohen, podemos decir que el valor dado a las piezas que suenan durante un concierto como el que se describió arroja diversas experiencias que dependen del público y el espacio del evento. En el caso mencionado, se percibió una atmósfera tranquila, donde la gente prestaba atención a lo que oía, sin que la música les “chocara” o generara aburrimiento.

Por supuesto, el presentar este tipo de piezas durante un festival de guitarra o al interior de un conservatorio generaría otro tipo de experiencia: posiblemente asistirían estudiantes del instrumento con mayor noción de las piezas y los compositores, por el simple hecho de pertenecer al mismo medio guitarrístico. Sin embargo, independientemente de la cercanía previa con el repertorio, existe un tipo de dinámica de escucha que se desprende de los discursos sonoros que conforman las piezas. Estos discursos dan lugar a situaciones evocativas con las que ciertas personas se llegan a conectar, desprendiendo de ello imaginarios particulares que se relacionan con experiencias vividas por cada individuo.

Es obvio que para contestar con mayor profundidad las preguntas que se enuncian en este texto se requeriría de un desarrollo más amplio. Pero el objetivo de este escrito es simplemente generar un cuestionamiento sobre las dinámicas que se dan entre música e imaginación, así como sobre las posibilidades de comunicación que se desprenden de un acto artístico, como es un concierto.

Así, resulta difícil que el diálogo entre el público, el intérprete y el discurso sonoro no desemboque en una gran cantidad de información, imágenes y recuerdos, lo que permite que una forma de arte como la guitarra de concierto siga presente en nuestros días, generando interés por parte de nuevos músicos y públicos.

¿Qué otra red de complejas conexiones pueden desprenderse de la imaginación y la música para guitarra? Esperemos que esta y más preguntas puedan seguir siendo abordadas o estudiadas en un futuro cercano.


Referencias

Appadurai, Arjun. (2001). La Modernidad Desbordada. Dimensiones culturales de la globalización. Montevideo: TRILCE-F.C.E.

Cohen, Sara. (2007). Decline, Renewal and the City in Popular Music Culture: Beyond the Beatles, Ashgate Popular and Folk Music Series. Aldershot, Hampshire: Ashgate.

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