MÚSICA-ESCRITURA-MEMORIA

Victor Vázquez
abril, 2019
v

“Este conocimiento (mathema), oh Rey, volverá a los egipcios más sabios y más capaces de recordar: ha sido encontrada de hecho, como medicina (pharmakon) para la memoria y para la sabiduría” Pero éste responde: expertísimo (technikotate) Theuth, existe quien es capaz de dar vida a algún oficio o arte (techne), y por el contrario quien puede juzgar los daños y las ventajas que tendrán para quienes se servirán de ellas. Y ahora tú que eres el padre de la escritura, (grammata) por ingenuidad has dicho lo contrario de aquello que realmente se podrá hacer con ella. Ésta de hecho producirá olvido (lethe) en las almas de aquellos que la habrán aprendido, por que no los hará ejercitar la memoria. De hecho, teniendo confianza en la escritura, ellos traerán los recuerdos del exterior, de signos extraños (typoi), y no del interno, de ellos mismos. Por lo tanto no has descubierto una medicina para la memoria (mneme), si no para el recuerdo (hypòmnesis). Y no ofreces la verdad a los alumnos, sino una apariencia (doxa) de la sabiduría; de hecho gracias a ti, informados de muchas cosas sin el verdadero aprendizaje, parecerán eruditos a pesar de ser ignorantes, será difícil estar junto a ellos (syneinai), porque serán sofistas (doxosophoi) en lugar de sabios” (Platone, 1998: 123).

El episodio anterior, extraído del Fedro de Platón, narra el momento en el que el Dios egipcio Theuth, asociado posteriormente en Grecia y en Roma a Hermes-Mercurio, se presenta al Faraón Thamus para presentarle su nueva invención: la escritura. Ésta, concebida como una medicina (pharmakon) para la memoria, comporta también un grave peligro o engaño, lo cual queda denotado en la misma palabra, pharmakon, con la que también se solía nombrar a los venenos.

La escritura, en su compleja relación con la memoria, concebida como una herramienta para la ulterioridad, como una memoria-futura, ha sido uno de los fenómenos que ayudaron a dinamizar el desarrollo de la música académica occidental; desde la escritura neumática del canto llano en el siglo IX usada como mnemotécnia para la transmisión de los distintos cantos y, posteriormente, con la invención y desarrollo de un sistema de escritura musical que intenta codificar, cada vez con mayor precisión, un fenómeno corpóreo-vivencial como la música.

Previo a la adaptación de dicha herramienta, así como ha sucedido en prácticas musicales de diversas culturas e incluso en algunos géneros o prácticas musicales dentro de la propia cultura occidental, el aprendizaje y la transmisión de la música se han basado principalmente en la transmisión oral, que, sin embargo, implica también una codificación, conservación y transmisión de acciones basadas en presupuestos teóricos o esquemas mentales encarnados y consensados culturalmente, lo que se puede concebir como un conocimiento corporeizado, es decir, una escritura corpórea que comporta memoria. De esta forma, al entender que en la escritura musical se encuentran implícitos pero veladamente los elementos corpóreos y vivenciales del hacer musical y que por otra parte en la oralidad se substraen o se encarnan los elementos abstractos de un sistema musical, podemos afirmar que es la memoria aquello que traspasa transversalmente uno y otro ámbito, es decir, uno de los lugares donde confluyen la teoría y la praxis

En el horizonte mitológico de la cultura occidental encontramos la personificación de la memoria, Mnemosyne, siempre en un estrecho vínculo con la música, la cual se menciona ya en la Teogonía de Hesíodo en el siglo VII a.C. como una las diosas titánicas hija de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). Además de las facultades mnemotécnicas que brindaba a los hombres, esta diosa era vinculada a los aedas y poetas siendo sus atributos instrumentos necesarios para cualquier tipo de enseñanza basada en la tradición oral. En el siglo I a.C., el historiador griego Diodoro Siculo afirmó que fueron Mnemosyne y el dios Hermes las divinidades mitológicas vinculadas al nacimiento del lenguaje humano, ya que fueron las primeras en nombrar los diversos objetos y conceptos para hacer que los hombres se pudieran entender y comunicar entre ellos.

De la unión de Mnemosyne con Zeus nacieron las nueve musas, que según la versión de Apolodoro, fueron en principio tres. A pesar de las distintas versiones, todas las fuentes concuerdan que éstas fueron engendradas durante las nueve noches que Mnemosyne y Zeus pasaron juntos, aunque versiones como la de Hesíodo también indican que fueron nueve. Es importante recordar que aquel que guiaba a las musas era Apolo, el dios de la razón y de la música, por eso su sobrenombre de Musagete (aquel que guía a las musas). Es también en esta relación que la figura de Mnemosyne con sus hijas testimonian un vinculo especial con la música: “el arte de las musas”

En la Teogonía de Hesíodo, el arquetipo de cada una de las musas revela los dones o facultades metafísicas e instrumentales que confieren a la humanidad:

Clio, aquella que hace celebre, la historia, el canto épico.

Euterpe, aquella que alegra, la poesía lírica.

Thalia, aquella que es festiva, la comedia.

Melpomene, aquella que canta, la tragedia.

Terpsicore, aquella que se deleita en la danza, la lírica coral y la danza.

Erato, aquella que provoca deseo, la poesía amorosa y luego, incluso, la geometría.

Polimnia, aquella que tiene muchos himnos, la danza ritual y el canto sagrado.

Urania, aquella que es celeste, la astronomía y la épica didascálica.

Calliope, aquella que tiene una bella voz, la elegía.

Es interesante mencionar otros arquetipos mitológicos vinculados a Mnemosyne, la memoria, así como al nacimiento de los instrumentos musicales en occidente, éstos son la figura de Hermes y la del músico y cantor Orfeo. Las narraciones mitológicas refieren que la Lira de Apolo, posteriormente heredada a su hijo Orfeo, fue inventada y construida por Hermes utilizando el caparazón de una tortuga y cuerdas hechas con los intestinos de algunos animales robados del ganado de Apolo. Es así que para aplacar su furia por dicho robo, Hermes le ofrendó a Apolo su nueva invención —así como al Faraón Thamus, la escritura—. En este sentido, el arquetipo de la Lira puede interpretarse como el símbolo de una herencia musical divina de la antigüedad que pasando por el pensamiento racional, matemático, de Apolo, se encarnará posteriormente en la humanidad a través de las manos y de la voz del mítico cantor y músico Orfeo.

En la imagen que acompaña y concluye este texto, se puede observar un engramma,[1] escritura, memoria de un esquema del libro Istituzioni Armoniche del teórico y compositor italiano Gioseffo Zarlino, publicado en Venecia en 1558 por el editor Francesco Senese; en éste se observa una representación de la armonía celeste y de las cuerdas de la Lira de Hermes-Apolo-Orfeo, en la que se vinculan las nueve musas y las divinidades-planetas con el número audible presente en los diversos intervalos-proporciones[2] de la música terrenal que forman la escala musical, eco-recuerdo de la música del cosmos.

zarlino


Referencias bibliográficas

Cerinotti, Angela (1998). Atlante dei Miti: dell’antica Grecia e di Roma antica. Italia: Demetra.

Graves, Robert (2009). I Miti Greci, Milano, Il Cameo.

Hesíodo (1984). Teogonía. Italia: Ediz.

Lledó, Emilio (1994). Il Solco del Tempo: Il mito platonico della scrittura e della Memoria. Roma-Bari: Laterza.

Platone (1998). Fedro. Milano: Arnoldo Mondadori Editore. (Traducido del italiano por el autor de este texto: Victor Vázquez)

Warburg, Aby (1970). La rinascita del paganesimo antico: contributi alla storia della cultura. Bing, G (ed.). Firenze: La nuova Italia.

Zarlino, Gioseffo (2002). Le istitutioni harmoniche. Da Col. P y Fenlon I. (ed.). Italia, Arnaldo Forni Editore.

www.engramma.it (revista online)


Notas

[1] Acuñada por el neurólogo alemán Richard Semon en su libro Mneme de 1904, la palabra engramma denota aquella impronta o huella que permanece en la materia cerebral después de cualquier evento experiencial, es decir aquello que orgánicamente constituye la memoria. Adaptada al ámbito simbólico y cultural de la imágenes por el historiador del arte alemán Aby Warburg en su proyecto Atlas Mnemosyne, denotaría entonces aquellas imágenes que ayudan a constituir la psique y a transmitir la memoria colectiva. La forma en como “hablan” las imágenes.

[2] Diapasón (1/2) = Octava, Diapente (2/3) = Quinta, Diatessaron (3/4) = Cuarta y la resultante entre estas dos últimas: Tuono = Tono (Mayor: 9/8 – menor: 10/9).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s