Espacios para la experimentación musical compartida

Aldo Lombera
abril, 2019

La historia comienza al ras del suelo, con los pasos. (…) Su hormigueo es un innumerable conjunto de singularidades. (…) Las variedades de pasos son hechuras de espacios. Tejen los lugares.

Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano. Vol. 1. Artes de hacer (1996)

 

 

¿Aún están despiertos los pájaros?

 

O, quizás, ¿ya despertaron los grillos?

 

¿Qué (más) sucede ahí donde estás?

 

¿Dónde estás?

 

 

¿Estás?

 

 

Al terminar este párrafo cierra los ojos y regálate un momentito —largo— para percibirte y también para percibir tu alrededor… Hasta que te desdibujes en él, hasta que sean uno mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué tanto sucede ahí?

 

¿Qué es ahí?

 

Sigue percibiendo, ahora con los ojos abiertos, explora el espacio con tu cuerpo; transitalo, paso a paso…

.

               .

                              .

                                                .

                                          .

                                                                         .

                                                          .

                                                                                            .

                                                                     .

                                                                                      .

                                                 .

                                              .

                       .

.

 

¿Cómo es el espacio?

 

¿Cómo eres tú?

 

¿Qué es tu cuerpo?

 

¿Ahora qué más sucede ahí donde estás?

 

¿Dónde estás?

 

¿Hasta dónde el espacio es?

 

¿El espacio es qué?

 

¿Qué es eso que existe más allá…

 

—o más acá—…

 

del espacio que exploraste?

 

 

¿Dónde están los pájaros?                           ¿Dónde están los grillos?

 

 

 

 

 

Michel propone que “[e]l espacio es un cruzamiento de movilidades. (…) es el efecto producido por las operaciones que lo orientan, lo circunstancian, lo temporalizan y lo llevan a funcionar como una unidad polivalente de programas conflictuales o de proximidades contractuales. El espacio es al lugar lo que se vuelve la palabra al ser articulada, es decir cuando queda atrapado en la ambigüedad de una realización, transformado en un término pertinente de múltiples convenciones, planteado como el acto de un presente (o de un tiempo), y modificado por las transformaciones debidas a contigüidades sucesivas. A diferencia del lugar, carece pues de la univocidad y de la estabilidad de un sitio “propio”. En suma, el espacio es un lugar practicado” (Certeau, 1996: 129).

 

¿Qué significa practicar un lugar?

 

 

¿Desestabilizar un sitio propio?

 

 

¿Cómo podríamos hacer esto?

 

 

 

 

 

¿Ya lo estamos haciendo?

 

 

 

 

 

Tengo otra ocurrencia:

 

¿Qué   _________   que __________ escribir _____ estos, ___________, espacios?

 

Y, acerca de todo esto, ¿cuál es la potencia de practicar un lugar? ¿De querer crear un espacio? ¿De querer compartirlo? Quizás podríamos decirlo con otras palabras: ¿cuál es la potencia de experimentar? ¿De querer crear un espacio para la experimentación compartida?

Quizás, precisamente, querer percibir, querer vivir, querer conocer, por medio de la experiencia, qué es lo que puede suceder en él: lo que surge, lo que se comparte, lo que se crea, lo que se transforma.

Quizás, también, el no querer olvidar la condición de posibilidad, el espacio mismo, usualmente ignorado por la organización funcionalista que privilegia el progreso (el tiempo). Quizás el querer ser y hacer con nuestros propios pasos, el buscar, el cuestionar, en vez de únicamente conocer a partir de las huellas de otros (cf. Ibid.: 107-109).

Si, como propone Michel, “la lectura es el espacio producido por la práctica del lugar que constituye un sistema de signos: un escrito” (cf. Ibid.: 129), ¿qué es lo que propongo musical en lo que hemos compartido a través de este espacio?

 

 

 

 

… Quizás haya que volver a experimentarlo para percibirlo.

 

 

 

 

 

 

Antes de abandonar este espacio, me gustaría compartirles algo que es, a mi consideración, otro ejemplo de un espacio para la experimentación musical compartida. Me refiero a Claxofón la creación que hemos estado realizando Emmanuel Uribe y yo desde hace varios meses: experimentando, compartiendo, percibiendo, caminando, dialogando, escuchando, cuestionando, acordando, recordando, ensayando, contrariando, contrastando, transformando, reinventando, claxofoneando… en fin: experimentando una experiencia musical compartida. Pero ¿cómo podemos compartir la experimentación con otras personas? ¿De qué maneras podemos, entre todos, practicar un lugar? ¿Transformarlo? ¿Crear otros espacios para la experimentación musical compartida?

 

Aquí quiero proponer unos últimos cuestionamientos que, a mi parecer, son pasos en mis búsquedas de ser y de hacer:

 

¿qué (más) creamos mientras experimentamos…

 

mientras compartimos?

 

Y,

 

¿cuál es el valor y la potencia de todo eso?

 

 

Gracias por compartir, por experimentar, estos espacios.

 

 

 

 

 

¡Espera!…

Una última ocurrencia:

 

ve a un lugar,

 

            téjelo,

 

crea un espacio…


Referencias

Certeau, Michel de (1996). La invención de lo cotidiano. Vol. 1. Artes de hacer. Universidad Iberoamericana.

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