La “escucha” como categoría nativa

Alessio Giuliani
marzo, 2019

Con mi breve texto quiero proponer una pregunta en este espacio de convergencia de narrativas y reflexiones sobre y alrededor de la escucha.

La pluralidad de visiones y perspectivas sobre el tema de escuchar caracteriza este foro como las redes que informa y de las cuales deriva. Esa misma pluralidad sugiere varios acercamientos al acto de escuchar y a sus procesos, sea por medio de separaciones entre sus múltiples momentos o acciones y técnicas (como el oír, el analizar, sus implicaciones performativas, y la relación con otras acciones perceptos y percepciones simultaneas). En este gran conjunto de contribuciones me gustaría destacar cierta ausencia. No se trata de mencionar el acercamiento que haya faltado, o la perspectiva que no se haya citado o propuesto. Quiero sugerir que, fuera de los ámbitos que practican la escucha sea como acción auditiva en síntesis o en antítesis con otras experiencias sensorias, sea como técnica hermenéutica o referente abstracto, fuera de los casos en que la escucha existe, la misma no exista. La ausencia completa y no retórica de este proceso.

Es evidenciar una reflexión que para quienes estén familiarizados con la antropología es un obvio punto de partida y puede ofrecer una perspectiva interesante para los que aborden la escucha, sea cual sea su antecedente teórico y metodológico.

El hecho de escuchar no es un acto que se dé en la naturaleza por tener un aparato auditivo o por practicar un tipo de comunicación o contemplación de los acontecimientos en términos de movimiento significativo. Escuchar se da cuando un grupo escucha, declara hacerlo y discute sobre el escuchar.

Se ha dicho que el trabajo de quienes hacen etnografía es tratar de contar a sus lectores lo que se ha encontrado en el proceso de construcción de los datos con el esfuerzo conjunto de los referentes en campo. Este camino hace evidente que no todo lo que se llega a realizar y contar en un grupo tiene correspondencia con alguna practica o categoría en la narrativa etnográfica.

El que escribe trata de imaginar cuáles podrían ser sus lectores y cuáles conceptos podrían tener como clavos a los cuales colgar los cuadros en que ha tratado de retratar lo vivido.

Pero cuando quien escribe soy yo, es una voz nativa, voz que tiene naturalizada (aunque profundamente discutida) la noción de “escucha”, no aparece tan fácilmente la pregunta: si yo hago esto, si yo escucho, ¿eso implica necesariamente que cualquier otra persona también lo haga?

Lo que no siempre es tan evidente es que la escucha no es necesariamente una acción o un proceso universalmente presente. Entre nosotros, los que pertenecemos al grupo que habla y discute de escucha, los que practicamos la escucha y tratamos de entendernos a propósito de lo que realmente es un proceso tan complejo, la escucha existe como tal, como categoría, como conjunto heterogéneo de sentidos interactivos.

Nosotros diariamente hacemos real la escucha e imaginamos que cualquier otro escucha y practica lo mismo que en esta red de “escuchantes” practicamos: la escucha como proceso complejo que incluye y excluye actividades y pasividades según los entendimientos individuales y relacionales. Pero cabe preguntarse si, al salir de un grupo, al salir de nuestra red interesada en escuchar y en sus técnicas y significados, al salir de mi aldea conectiva, la escucha todavía sigue estando presente e identificable bajo el nombre que sea.

En otras palabras: ¿es tan obvio que todos escuchamos?

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