La radio libre como dispositivo aural: conversando con Estrella Soria

Estrella Soria: con estudios en la Comunicación y La política, así como en los Derechos Humanos, ha sido parte de proyectos de comunicación, tecnología, educación y acervos digitales. Del mundo de la radio y los sonidos, es amante de la didáctica con tecnologías para la promoción de libertades en entornos digitales. Actualmente es consultora y promotora de la protección de la información.

Oreja (in)culta [O(i)]: Hola Estrella. La oreja (in)culta este mes está dedicando su actividad a pensar en lo que llamamos “dispositivos aurales”, entendiendo “dispositivo” como una articulación entre el instrumento, las relaciones sociales que lo hacen posible, las relaciones sociales que éste hace posible, y la articulación de instrumentos que están interactuando entre sí todo el tiempo; y entendiendo lo aural como la manera en la que el sonido y la escucha se relacionan con la sociedad que los produce y con la sociedad que producen.

Desde esa serie de definiciones, hemos pensado en la radio como un dispositivo aural. Finalmente, la radio es una red de relaciones que giran en torno a ciertos instrumentos (como una antena, como un radiotransmisor), y que al mismo tiempo están apelando todo el tiempo hacia la escucha. La radio nace como escucha, con la finalidad de ser escuchada, y en ese sentido quisiera, más que hacerte una pregunta concreta, lanzar una idea a ver a dónde nos lleva.

Y esa idea la quisiera retomar de Frantz Fanon, pensador argeliano que alguna vez, hablando de la radio alternativa en Argelia, decía que “en la sociedad colonial aquella radio que se llamaba “Radio Argel” no era una voz entre muchas, sino que era la voz del ocupante”, un proyecto radial oficial que servía para que el colonizador se comunicara con el colonizado. En contraste, Fanon nos dice que “la existencia de la Voz de la Algeria que Lucha [nombre de un proyecto radiofónico alternativo que surge en aquellos tiempos] transformó ese problema de manera profunda, de manera que cada algeriano sintió entonces que era llamado personalmente, y quiso convertirse en un elemento reverberante de la vasta red de significación que nació de la lucha libertaria”.

¿Cómo te interpela esta cita y cómo la conectarías con el asunto que estamos discutiendo en La oreja (in)culta?

Estrella Soria [ES]: Creo que, desde el inicio, el empuje que se le dio a estos aparatos, a estas tecnologías, tuvo que ver con intereses que no son distintos a los que hoy en día están detrás del desarrollo de las tecnologías radiofónicas, que las generan, que las popularizan y ponen en manos de los otros. Evidentemente hablamos de la intervención o la inversión que interviene directamente en cómo la radio es formulada, cómo es manejada, qué es lo que en ella se dice, qué es lo que no se dice, y es aquélla la que ha posibilitado que se escuche más fuerte la voz de quien opera, quien decide o quien es dueño de alguno de estos medios. Yo creo que así es como se ha venido desarrollando la radio, los usos de la radio, inclusive determinando la forma en cómo escuchamos este medio.

Si la forma como escuchamos la radio tiene que ver con la negación de todo lo que aparentemente no se escucha, el hecho de tomar estas herramientas, de hacer la radio desde otro lugar que no es el hegemónico, el de los “grandes dueños”, el de los “grandes monopolios”, el de los “grandes discursos”, el hecho de tomar esta mediación con las propias manos, cruza muchos aspectos sociales. Me interpela el hecho de poder reconocer hasta los murmullos: las reverberaciones que no son las mayoritarias, pero que reconocen a aquellos, aquellas, aquelloas que están negados o marginados. Es como un reconocimiento de sus voces. Entonces me resuena desde ahí, así es como me parece que es la lógica que está detrás de la operación de los medios, de la necesidad de comunicar y de ser escuchado.

O(i): Me llama la atención el énfasis que pones en la palabra “reconocimiento”. Hablabas, por ejemplo, de “reconocer hasta los murmullos”. En ese sentido, ¿tú considerarías que la radio nos lleva a re-conocer lo que ya conocíamos antes? ¿Considerarías que este trabajo con los murmullos serviría antes que nada para vincularnos de otra manera con aquello que ya éramos antes, o considerarías que hay un conocimiento nuevo que se está generando en el acto radiofónico?

ES: Creo que el reconocimiento al que me refería pasa también por generar otras imágenes. El dispositivo no cambia, la forma como escuchamos está sometida. La experimentación ayuda, sí, pero siempre y cuando mantengas la empatía con el otro. O sea, cuando hablo de reconocimiento me refiero a que en la escucha construyes imágenes: cuando tú escuchas a un par en la radio, amplificado, lo asocias con algo que se parece a ti, te espejeas, te identificas… algo que no pasa con los medios hegemónicos. Los medios hegemónicos nos han impuesto una serie de prototipos, inclusive en la forma de la voz… la escucha de la voz es como aterciolpelada, la “gran voz”, la “gran forma” de comunicarse. Al final de cuentas, un prototipo de persona y también un perfil prototípico que nos deja a todos fuera.

O(i): Ese es un punto que a mí me parece fascinante, y por eso preguntaba el asunto del reconocimiento. Una crítica que se podría hacer al proyecto radiofónico, al “gran proyecto radiofónico” como se pensaba, por ejemplo, en los años de 1930, era la crítica de que se perdía contacto con el cuerpo, de que este aparato de distribución masiva nos ponía frente a una voz abstracta, enfrente de alguien que no estaba ahí en presencia, y que además no nos observaba y no nos escuchaba. Sin embargo, frente a ello tú colocas la idea de que la radio nos pone en contacto con el otro, e incluso nos lleva a identificarnos con el otro, a reconocernos en el otro y encontrar en él aquello que sabemos que está ahí, pero que sólo podemos constatar en el momento en que se genera el acto de la escucha.

Y bueno, aquí tendrás que disculpar mi exceso de academicismo, pero me es indispensable pensar en otra voz, que es la de Bertolt Brecht, quien hablando de la radio hegemónica de los años de 1930 (esta radio que era la radio del ser invisible, la radio del ser con el que no te puedes identificar porque está más allá de ti y más allá de todo) nos dice que existe la posibilidad de generar otro tipo de radiofonía. De manera literal, sugiere Brecht que “hay que transformar la radio, convertirla de aparato de distribución a aparato de comunicación. La radio, -continúa-, sería el más fabuloso aparato de comunicación imaginable de manera pública si supiéramos no solamente transmitir sino también recibir… hacer hablar al escucha; no aislarlo, sino ponerse en comunicación con él”.

Partiendo de lo anterior, yo te quisiera preguntar: ¿tú considerarías que ahí, en esa relación con el escucha, en esa forma de mediación entre quien habla y quien escucha, estaría la diferencia entre un tipo de radio “oficialista” y un tipo de radio distinto? Y si sí, ¿cómo llamarías tú a este tipo de radio distinto?

ES: Nos causaba mucha gracia lo que en su momento dijo el Sup Galeano sobre el ejercicio de medios que son chiquitos, que algunos calificarían como “marginales”, o sea que sólo se comunican entre ellos, sólo se escuchan entre ellos, que se dirigen solamente a pequeñas audiencias que se reconocen a sí mismas en este ejercicio. Sugiere el Sup que han habido tendencias, momentos en donde esas radios pasan de ser nombradas “radios comunitarias”, a ser consideradas “radios libres”, “radios libertarias”, “radios autónomas”, “alternativas”, etc.

Yo recuerdo que, cuando estaba en la universidad, la “comunicación alternativa” era algo que me llamaba mucho, pero cuando venía la academia a ofrecer definiciones, éstas no me “sonaban” nada, como que no encontraba de dónde agarrarme. Tuvieron que pasar varios años en los que hice radio y me situé en un ejercicio de “radio libre”, donde la experimentación con lo que se escuchaba era muy diversa, desde tratar de amplificar comunicados, situaciones, hasta convocatorias de movimientos sociales. Pero el ejercicio que hubo en Oaxaca en el 2006, fue muy revelador. Yo venía de la experiencia de la Ke-Huelga, que se convocaba desde un movimiento social que se oponía a la estigmatización de la juventud, y en esos tiempos cuestionábamos el concepto de radio libre. Los  ejercicios posteriores, como el de Oaxaca, nos llevaron a pensar en radios comunitarias en concreto, mismas que tenían todo un sentido del ser a partir de un territorio en donde la radio tenía una función muy particular. Esas radios comunitarias fueron las que posibilitaron una articulación a nivel estatal e internacional a partir de la escucha.

Pero lo que era muy potente era reconocer el ejercicio en sí, no tratar de categorizarlo, porque yo también pasé, ¡imagínate!, por el delirio de decir: “una radio libre es una radio libre y comunitaria”. Yo me empeciné durante mucho tiempo, especialmente por el contexto que se vivía -en ese entonces estaba la Ley Televisa, creo-, a decir: “esa no es una radio libre”. ¿Por qué? Porque yo en ese entonces hacía una división delgada, casi imperceptible, tratando de diferenciar cuáles eran las radios libres de las comunitarias, y concluía de alguna forma, en ese tiempo, que las radios libres se asumen como las que no piden permiso al Estado para hacer lo que se puede hacer, y que las radios comunitarias eran aquellas que trabajaban en un territorio en función de un servicio público a la comunidad.

Entonces yo decía que habían radios libres y comunitarias, por ejemplo La palabra del agua, en Guerrero, que estuvo sometida a operativos de la Policía Federal y de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Les quitaron el transmisor, pero la gente reivindicaba que no tenía que pedir permiso para poder operar esa radio, que tenía y estaba ejerciendo un derecho a la comunicación, operada por ellos mismos, y en ese sentido se contraponían al proyecto de las radios indigenistas, las cuales generaban, a partir de los 1930’s, toda una institucionalidad basada en una visión antropológica por cierto debatible, en donde todavía se les tutelaba a los indígenas para que supieran cómo funcionaba…

O(i): …para que supieran cómo desarrollarse, cómo crecer…

ES: …y qué escuchar, porque lo que pasaba ahí, como ocurre también en las radios públicas de nuestro país, es que estaban sometidas a cierta programación oficial. En su momento, era muy fuerte oír decir a La palabra del agua: “ni madres, lo vamos a hacer con o sin su permiso, porque somos un pueblo originario y tenemos el derecho [de hacer radio]”. ¡Wow!, entonces mis categorías se ponían en entredicho. Era radio libre, pero también radio comunitaria, y también indígena (que no indigenista).

O(i): Hace rato sugerías que la radio no es únicamente el aparato en sí, sino el ejercicio que se genera alrededor de dicho aparato. Sin embargo, te pregunto: el aparato “en sí”, ¿determina algo?, ¿qué determinaría? Por ejemplo, ¿has encontrado diferencia entre quienes siguen trabajando radio analógica y quienes trabajan radio digital? Y hablando de radio digital, ¿hay diferencia entre trabajar en ciertos sistemas operativos y en otros, entre trabajar con ciertos tipos de maquinaria y con otras? ¿Tú pensarías que hay algo que el aparato sí está determinando, o pensarías que cualquier aparato es adecuado para lograr los fines de un determinado proyecto?

ES: Sí, sí que hay algo que determina [el aparato]. Hay contextos en los que sigue funcionando la radio analógica, en donde tiene una función particular. Hay ejercicios de apropiación del aparato en sí, aunque sea ya muy mediado por la comunicación hegemónica. Sin embargo, hay proyectos que se siguen preocupando por lo que gira alrededor de los imaginarios. Hay, por ejemplo, una metodología que se desarrolló en Ecuador y Colombia, que se llamó “la producción de sentido”. Después de cuarenta años del funcionamiento de muchas radios en red, pasando incluso por la transmisión satelital, se hacía este ejercicio donde se trataba de reconocer cuáles eran las pautas que determinaban lo que se escucha a través del aparato. Entonces llegábamos a preguntarnos qué es lo que quería escuchar la gente, para qué le funcionaba [la radio] y otro tipo de aparatos, por ejemplo la computadora.

La forma de hacer transmisiones ha ido cambiando conforme los soportes también han ido cambiando. Yo recuerdo que cuando empezábamos a hacer el streaming, que era todo un eventazo, estábamos pensando todavía que había un paradigma detrás que estipulaba: “quien tiene la información tiene el poder de acción”. ¿Pero quién nos escuchaba? Había la posibilidad de hacer el streaming, descolocar el centro de operaciones, irte a otra locación y desde ahí transmitir a través de un aparato que te mediaba y podía multiplicar, digamos, los canales de escucha. Y ahora pienso que ese paradigma se nos ha ido desbaratando, dolorosamente, porque la información empezó a multiplicarse de tal manera que tener información no implicaba ya una acción inmediata. Implicaba, quizás, una acción inmediata en el discurso, pero no en la acción, no en los cuerpos de la gente.

Hablando de si el canal determina la escucha, yo creo que sí. Aunque tienes hoy la posibilidad de hacer tu producción en corto y compartirla, es como si se perdiera entre la cantidad inmensa de sonidos.

O(i): Claro, y creo que aquí volvemos al tema del reconocimiento, porque si no existe una comunidad detrás, no va a haber una comunidad radiofónica. Si no hay una comunidad que pre-exista y post-exista a la radio, podemos tener la información ahí y perdernos en la abundancia del “infinito y más allá”, y sin embargo, ¿quién va a escuchar, o qué va a significar para quien escucha?

Quizás sea importante pensar que siempre hay un contexto que interactúa con el contexto de la radio. Ahora bien, ese es un tema complejo cuando la radio nos permite interacción entre contextos diversos… siempre es importante saber hacia quién va el mensaje, a quién se está interpelando.

Y aquí me surge una pregunta de hacia quién habría que ir si pensáramos “lo chiquito” en términos de algún tipo de globalidad. Si pensáramos en los contextos claramente localizados y claramente circunscritos a una determinada condición en términos de la posibilidad que tienen de unirse con otros espacios que están en esas mismas situaciones, ¿cuál crees tú que sería una estrategia útil para que de la potencia de “lo chiquito” se genere una potencia de articulación? ¿Tú cómo ves las condiciones, o sea, qué estrategias podríamos seguir para que lo chiquito se convierta en “los chiquitos” que platiquen, que se comuniquen y que utilicen la radio como un dispositivo de interconexión, en vez de aislarse en pequeñas células que no se comuniquen entre sí?

ES: El desafío se me hace hoy en día superar la emergencia. Con “superar la emergencia” me refiero a trascender el ejercicio de radio efímera, en donde no se resguarda lo que se dijo, la situación, lo que se vivía en un momento dado, la crónica que se da en diversos espacios. Pienso que el desafío pasa por ahí, por superar lo efímero, y tiene que ver con el resguardo de la memoria.

Porque si surge este hacer radio desde un lugar otro, descolocado, esto pasa por reconocer que cada producción radiofónica ocurre en un momento, o sea, constituye un momento físico, presencial, histórico, contextual, que necesitamos resguardar. Y el hecho de que se esté produciendo radio prácticamente en la emergencia perpetua, nos coloca en la frustración de ser únicamente narradores de la muerte. Es decir… de transmitir para los desaparecidos, para algún movimiento social que está por anularse, pero colocando nuestra información en plataformas que pueden funcionar eventualmente, pero que no se van a ocupar de resguardar nuestra memoria. He aquí un desafío gigante, porque si dejamos a estas plataformas la intersección, lo que nos une con los otros, estamos un poco confundidos…

O(i): Se necesita hacer un trabajo de archivo, en ese sentido…

ES: Sí, un trabajo de archivo donde resguardemos nuestra producción, la coloquemos no en un lugar, sino en muchos, posibilitando la interconexión y el posible diálogo con otros. Porque hay veces en que produces algo, lo subes a Internet, y años después alguien te busca preguntando por registros tanto de audio como audiovisuales. Tenemos entonces que mirar qué rol tenemos en ese cúmulo de saberes que se pueden compartir.

Yo dejé de pensar en la globalidad como algo que podríamos afectar. Más bien creo se tratar de tejer un espacio para poder encontrarte con tus pares, participando en muchos diálogos a partir de ese encuentro. Esta distribución descolocada de lo que se produce en términos de imaginarios y de descripción y de situación, es lo que merece resguardo. Porque, de verdad, me preocupa mucho que hay plataformas chidas -como Archive.org-, que aparentan ofrecernos un “archivototote”, pero realmente no conocemos quién está ahí ni qué va a pasar con eso. Esto nos coloca en el riesgo de que desaparezcan nuestros relatos.

O(i): Claro, y eso también nos lleva a pensar la importancia de entender cómo funciona el dispositivo, y el aparato. Lo que decías sobre estos medios efímeros que pueden ser efectivos (pienso en el típico ejemplo de Facebook), pero que después de cierto tiempo te impiden acceder a tu propia información. Tus datos “se pierden mágicamente”, y por otra parte se genera un gran archivo al que tú no tienes acceso, y no sabes qué se hace con éste.

Esto me lleva a una última pregunta, que quizás resulte particularmente compleja: pensemos en la radio como un dispositivo, un dispositivo aural. ¿Cómo se relaciona este dispositivo con otro gran dispositivo que va a determinar en buena medida el funcionamiento de los aparatos, que es el dispositivo del Estado? ¿Cómo podríamos cambiar la relación entre el Estado y la radio “alternativa” a favor de este resguardo de las memorias colectivas? ¿Cómo tendríamos que pensar la relación entre las radios comunitarias, libres, alternativas, y el Estado que finalmente, nos guste o no, va a ser el que esté al tanto de las bandas digitales para el funcionamiento de Internet, de los espacios radiofónicos, de las hordas militares (oficiales y para-militares) que desplazan, desaparecen y asesinan?

ES: Creo que parte de cómo se va a articular esa estrategia tiene que ver mucho con la posibilidad de agencia de las colectividades o comunidades que se ocupen de ello. Por suerte, reconozco a varias de esas colectividades que están con esa misma preocupación, y están desarrollando cosas que van a posibilitar, pese a quien le pese, pese al ejercicio del Estado y al ejercicio aplastante que hoy en día me parece mucho más potente, que es el de las empresas, un uso distinto de la tecnología. Me parece que a pesar de todo estas colectividades están evolucionando despacio, pero efectivamente, las posibilidad de poder resguardar y de poder comunicar sin que tenga que haber una limitación por parte del Estado. Ejemplos: la red cubana, la intranet cubana, gifinet en Barcelona (que es una red independiente basada y gestionada de manera comunitaria).

Siguiendo a Margarita Padilla, me gusta pensar en estas colectividades como nodos inteligentes que progresivamente se van fortaleciendo, porque más personas van compartiendo este tipo de preocupaciones y fortaleciendo sus iniciativas.

O(i): De acuerdo… pero para ser más específicos, digamos que tenemos tres vertientes de relación entre el Estado y los “nodos inteligentes”: la primera consta del ejercicio del Estado: entrar en las instituciones como alguien que viene del mundo libertario, pirata, alternativo, comunitario, para trasformar desde adentro las cosas. Segunda posibilidad: no formar parte del Estado, pero dialogar con él, presionarlo, a pesar de las dificultades tremendas que esto pueda traer consigo (respecto a esta vertiente hay colectividades que sabemos que han hecho un trabajo muy importante para poner limitaciones al ejercicio del poder). Tercera vía: trabajar al margen del Estado. ¿Cuál sería tu elección al respecto?

ES: ¡Las tres! Las tres me parecen medulares. Justo es parte de las cualidades de los nodos inteligentes. Hay quien se rifa y piensa que su código jurídico es el que puede echar las cosas para adelante. Necesitamos a esas personas, necesitamos abogados que nos defiendan, necesitamos aliados en las instituciones. Quien crea que puede hacer la “revolufia” desde ahí, ¡chingón! Yo creo que siempre hay potenciales aliados.

O(i): Interesante… justamente en relación con el concepto de dispositivo aural. Una cosa que se dijo mucho en las décadas de 1970 y 1980, -incluso desde antes-, es que la radio constituye un dispositivo que “camina” en todas las direcciones; que la radio, y en general el medio aural, permite trabajar simultáneamente en muchos lugares.

Si yo hablo, mi voz no sólo se escucha enfrente, sino a los lados e incluso atrás, abajo y arriba, y esa metáfora de la radio y de la escucha como lo que puede trasladarse en todas direcciones, nos lleva a reflexionar sobre cuáles son las formas de articular un mejor futuro posible y utilizar los dispositivos para ese fin.

ES: A mí me gusta mucho pensar en la radio así, pero antes de ello, creo que a la vertiente que le apuesto más es a la que trabaja al margen del Estado. Porque creo que no hay respuestas, que no hay respuestas y no las habrá. La verdad que no confío en el Estado, y sí confío mucho más en la gente. ¿Por qué? Porque el hecho de poder reconocer, ubicar esta auralidad como un potenciador de imaginarios, es algo que efectivamente nos permite movernos en diferentes direcciones.

¡Pero ojo!, para que aquello ocurra, tiene que existir un ejercicio de descolocación del modo en que se ha venido instalando lo hegemónico. ¿Cómo hacemos comunicación? Ya no podemos permitir que hable una sola persona, una “gran voz”, sino que debemos posibilitar que se puedan escuchar esas personas, que aunque se escuchen bajito, tienen voz propia.

No puedes pensar que un medio, un aparato, va a hacer las cosas por sí mismo. Tendría que usarse, como todas las tecnologías, con una consciencia de que sirve para amplificar, para sumar, para incluir, para dialogar…

O(i): Para reverberar…

ES: …para reverberar… exacto.


Referencias

Brecht, Bertolt. “Teorías de la Radio”. Revista de Economía Política de las Tecnologías de la Información y Comunicación, Vol.V, n.2, Mayo/Ago. 2003.

Fanon, Frantz. “This is the Voice of Algeria”. En RadioLivre.org.

Padilla, Margarita. “Soberanía tecnológica: ¿de qué estamos hablando?” Soberanía tecnológica, vol. 2. Disponible.

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