Todos somos Juan Preciado

Edgardo Espinosa

 

Es cierto, Dorotea. Me mataron los murmullos.

Juan Rulfo

Texto Edgardo Variaciones
Bill Morrison, Light Is Calling. Imagen tomada de aquí

Hablar de sonido y silencio, de eco y resonancia, es entrar al mundo interior de quien escucha, acceder al vasto campo del homo auditor. Cuando asumimos que el ser humano es una entidad que escucha, tenemos inmediatamente que plantearnos el qué y el cómo, es decir, lo que escucha y cómo lleva a cabo esta aparentemente intrascendente actividad cotidiana. Asociados al fenómeno del sonido, encontramos elementos como la escucha, la resonancia y el silencio, componentes que, interactuantes dentro de una lógica de causa y efecto, proyectan su sombra unos en otros mediante una intrincada red de significaciones.

En el terreno de la epistemología de la escucha, las perspectivas abordadas por personajes como Pierre Schaeffer, John Cage, Françoise Delalande, Barry Truax y Murray Schafer, entre tantos otros, reflejan aproximaciones al fenómeno sonoro desde perspectivas múltiples que van, de lo meramente musical, hasta lo psicosocial y tecnológico.

Todo sonido, y por lo tanto toda resonancia, tiene un origen causal, es decir, que para que un objeto resuene se tienen que dar una serie de fenómenos causados por la acción de un componente sobre otro, cuyos efectos y duración dependerán del medio. Para que una resonancia se dé, tiene que existir una acción mecánica o de otro tipo (eléctrica, electromagnética, sísmica, etc.) que se transmita de un elemento a otro.  Por otra parte, el requisito indispensable para que se produzca el sonido, que a su vez habrá de producir resonancias, es el silencio.

En este sentido, uno de los primeros compositores en ocuparse del silencio, como elemento fundamental para la elaboración de discursos musicales, fue John Cage (1912-1992). En Lecture on Nothing, conferencia escrita por Cage en 1950 y presentada por primera vez, ese mismo año, en el Artist’s Club de Nueva York, el autor lleva a cabo una especie de declaración de principios en la que aborda sus principales preocupaciones estéticas, además de servirle como pretexto para mostrar y poner en práctica los recursos composicionales que lo mantenían ocupado en aquel momento. A través de esta obra es posible entender el proceso mediante el cual Cage llegó a la utilización de dos elementos que serían fundamentales en toda su obra posterior: el uso del indeterminismo como método composicional y la utilización del silencio como material musical equiparable al sonido. En este contexto, su estrecha vinculación con algunas de sus obras fundamentales, concretamente Imaginary Landscape no. 4 y 4’33’’, resulta evidente.

Es importante señalar que Lecture on Nothing fue ideada por Cage, desde un punto de vista estructural, a la manera de una piezas de música. En ella hay un sentido de pulso, una proporción seguida al pie de la letra a nivel micro y macroscópico, y una organización en cinco grandes secciones. La cuarta de estas secciones carece de texto y constituye una demostración práctica de que cualquier estructura, independientemente de su contenido, continuará siendo una estructura per se. Del mismo modo, dicha sección sirve para evidenciar, aunque de una manera sutil, la inexistencia de verdaderos silencios en música. Al respecto podemos citar a Lewis Rowell: “No hay espacios vacíos en las artes, ni hay verdaderos silencios en la música toda vez que incluso el aire que respiramos es una aspiración” (Rowell, 1983, p. 26).

Regresando a los tipos de resonancia, habrá que señalar que además de sus características como fenómeno físico, el término es susceptible de diversas lecturas metafóricas o filosóficas, como en el caso de la memoria o la empatía.  En este sentido, David Toop señala que el oyente, una vez suprimido el origen causal de una resonancia, se transforma en una suerte de médium y el sonido adquiere dimensiones siniestras que pueden despertar, entre muchas otras cosas, nuestros temores más profundos alojados en el ámbito de nuestra memoria o nuestras fantasías, trasladándonos a realidades remotas en las que el sonido adquiere dimensiones fantasmales (Toop, 2016). En este contexto, parecería que todo sonido es una evocación y que, como el tiempo, tiene aquella cualidad líquida de lo que no se puede retener, transformándose en una señal que puede resonar en la forma de un recuerdo, un sentimiento o un concepto.

La conceptualización de la resonancia como algo que desata evocaciones fantasmales es desde luego poderosa. Al respecto quiero referirme a dos obras que en el pasado reciente han ejercido sobre mí una profunda fascinación: Mamma (2012), obra para violoncello y electroacústica de Francisco Colasanto (Buenos Aires, 1975) y Light is Calling (2004), cortometraje realizado por Bill Morrison (Chicago, 1965).

En Mamma, el discurso está construido a partir de una antigua grabación en acetato en la que el padre del autor, un joven inmigrante italiano en la Argentina de los años cincuenta, canta una canción napolitana tradicional. La obra inicia con los sonidos de la aguja de una tornamesa crepitando al hacer contacto con la superficie del disco, mezclados con ondas de radio y otros sonidos al parecer provenientes de una unidad de terapia intensiva, lo que produce en el oyente una sensación decididamente arcaica que de golpe nos trae al presente a una especie de espectro (en un sentido fantasmal) sonoro:

Los sonidos de la grabación original son procesados de tal manera que al principio resultan irreconocibles, aunque poco a poco comenzarán a adquirir cuerpo y coherencia hasta emerger de las profundidades del tiempo para, en un salto de décadas, alcanzar la superficie, fundiéndose en un dueto con el violoncello:

La voz del cantante es fresca, nítida y decididamente joven, creando una paradoja en la que el descendiente tiene más edad que su ancestro sónico.

Por otras parte, en Light is Calling, Morrison parte del procesamiento de imágenes de una copia muy dañada de la película silente The Bells (1923) realizada por James Young, que de forma casual llega a sus manos mientras se encuentra realizando una investigación en la Librería del Congreso de los Estados Unidos. En la cinta original, los protagonistas aparecen completamente desdibujados por el paso del tiempo y toman la forma de pálidas apariciones espectrales, perturbadoras y a la vez imbuidas de una profunda tristeza, encarnación elegíaca de una ausencia que resuena hasta nuestros días.

El cineasta queda fascinado por la calidad de las imágenes que sugieren, con un gran poder poético, la persistencia fantasmal de personajes que pertenecen a otro tiempo y otro espacio pero que, empecinadamente, se resisten a desaparecer del todo, trayéndonos resonancias visuales que evocan una realidad que ya no existe. En el trabajo de Morrison no hay una línea argumental sino que su propuesta se fundamenta en la calidad plástica de las imágenes que les hace adquirir, por sí mismas, una gran dimensión expresiva. De alguna manera parecería que las imágenes, junto con todo el montaje sonoro, nos trasladan a un imaginario inequívocamente rulfiano:

“Este pueblo está lleno de ecos. Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras. Cuando caminas, sientes que te van pisando los pasos. Oyes crujidos. Risas. Unas risas ya muy viejas, como cansadas de reír. Y voces ya desgastadas por el uso. Todo eso oyes. Pienso que llegará el día en que estos sonidos se apaguen”. (Rulfo, 2010, p. 101)

Dije más arriba que las imágenes en Light is Calling resultan perturbadoras. Quizás lo que quise decir es que nos conducen a resonar en ellas porque inevitablemente nos remiten a nuestra propia temporalidad, obligándonos casi a mirarnos en el espejo de la transitoriedad. En este sentido resulta pertinente referirnos a Hartmut Rosa (Rosa, 2016) y su señalamiento de que en el contexto de lo que él llama «la aceleración de la sociedad tardomoderna», la alienación es, entre muchas otras cosas, la falta de capacidad responsiva del individuo hacia la sociedad y el entorno. Por consiguiente, lo contrario de alienación es precisamente la resonancia, o en todo caso la capacidad de tener experiencias multidimensionales de resonancia (social, religiosa, estética, conceptual, etc.).

Parecería, pues, que en el ámbito de las resonancias hay mucho más que transferencias mecánicas de energía. Hay quizás un atisbo hacia la posibilidad de poder “resonar en otros”, trasladándonos a circunstancias aparentemente ajenas a nosotros o, en todo caso, a circunstancias que nos son propias aunque no tengamos plena conciencia de ello. Citando a Toop, podríamos puntualizar que en el terreno de las resonancias “resulta imposible distinguir entre lo que se escucha y lo que se alucina” (Toop: 2016, p. 20).


BIBLIOGRAFÍA

Cage, John. (1971). Silence, London, Reino Unido: Calder & Boyars.

Toop, David (2016). Resonancia siniestra: El oyente como médium, Buenos Aires, Argentina: Caja Negra.

Rosa, Hartmut. (2016). Alienación y aceleración: Hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía, Buenos Aires, Argentina: Katz editores.

Rowell, Lewis. (2010). Thinking about Music, Massachusetts, USA: The University of Massachusetts Press.

Rulfo, Juan (2010). Pedro Páramo, Madrid, España: Cátedra.

Medios

Morrison, Bill (Director y Productor), Gordon Michael (Música). (2004). Light is Calling, USA: Hypnotic Pictures.

Colasanto, Francisco (Voces Electroacústicas), De Andrade, Iracema (Producción y violoncello). (2014). Mamma, México: Fonca-Conaculta.

7 comentarios en “Todos somos Juan Preciado”

  1. Es curiosa la manera en que el concepto de resonancia y el de eco se tocan en muchos puntos. Los dos son fenómenos que tienen que ver con la pervivencia del sonido una vez que desapareció la fuente sonora original. Pero me figuro que el eco, por ejemplo, es una mejor metáfora para explicar el corto de Morrison que la resonancia.

    La resonancia tiene dos elementos constitutivos. Para empezar, sin resonancia no hay sonido, no hay diálogo, no hay un otro. Hay elementos físicos como las ondas sonoras subsónicas que no escuchamos o los rayos ultravioletas que no vemos. Pero la resonancia va más allá, no es sólo el fenómeno por el cual se accede al mundo (en términos físicos y metafóricos) sino que es el fenómeno que nos construye indentitariamente por medio del recuerdo. Si la pieza de Colasanto resuena es porque el sonido a través de la resonancia evoca un espacio y tiempos diferentes que podemos re-conocer, al igual que el corto de Morrison. Importante en este sentido sería preguntarse cómo podemos reconocer estos “otros” ajenos. Una respuesta sería la que da la teoría de las formas de Platón. La otra, me aventuro a decir, es el eco. Tal vez podemos acceder a estas resonancias “fantasmales” porque son ecos. Porque a pesar no contar con su original, podemos reconocer a éste en su eco y, debido a esto, resonar con ellas.

    Me gusta

    1. Así es. Y efectivamente resulta muy atinado hablar también de eco, aunque en ese caso acabaría siendo pertinente añadir el término reverberación para calificar a aquellos elementos que, de tan desdibujados, acaban por resultarnos casi irreconocibles.

      Me gusta

  2. Un texto muy inspirador. Además visibiliza el trabajo magnífico del estadonidense Bill Morrison con su interpretación de los fragmentos visuales de «Light is Calling» del año 2004 y la obra del argentino Francisco Colasanto.

    Enfocándonos en Morrison, me llamó la atención la construcción de la narrativa visual en su pieza original silente – después tendrá sonido por varios autores- y como esta obra va construyendo ese discurso a través de una variedad sorprendente de fragmentos. Esos pedazos construyen un discurso estético a través de su concatenación, del ritmo que proponen o se dejan proponer, de los enfoques e incluso de las imágenes borrosas.

    Me pregunto entonces ¿será que nos vincula de alguna forma este tipo de trabajo con nuestra manera de unirnos a un recuerdo? Esas imágenes que aparecen como fantasmas podrían ser tomadas como parte de la manera particular que articulamos recuerdo y de la identidad dentro de una cultura. ¿Será que nuestros referentes culturales están habitados por memoria pero también -y recordando a «Calling» – en huecos o vacíos que tensan ese recuerdo?

    Salta otra inquietud y es si necesariamente deberá existir «reverberación» para que exista un eco. Me parece que no necesariamente. Si nos vamos a los procedimientos de la música electrónica, esta música tiene la particularidad, por lo general, de no utilizar reverberación y aún así existen ecos. Estos se logran a través de repetir el mismo gesto sonoro -sonido(s)- recordando el evento original.

    ¿No será que en la vida cotidiana sucederá igual? Los ecos de nuestros recuerdos vuelven a suceder, por lo general, estimulados por otros eventos que tienen poca similitud con el evento iniciador, resuenan con el original por alguna situación.

    El eco entonces sucede en la vida cotidiana dentro de un aspecto sicológico, como en el sonido, sin que exista ese contexto de la reverberación que envuelva en si su acción. Sucede y nada más como una replica de ese primer evento fragmentario, caleidoscópico, tal y como lo explicas tan bellamente en tu texto.

    Me gusta

  3. Me parece interesante hablar de la resonancia en el silencio. Normalmente, al menos desde la acústica, la resonancia existe en cuanto existe una vibración y hay otro cuerpo capaz de vibrar a esa misma velocidad, entonces se entra en una doble vibración y una vuelta de la sonoridad. Sin embargo, pensarla desde el silencio, funciona, me parece, como metáfora del mismo. Es decir, creo que es muy poderoso pensar que en el silencio, la resonancia es de ausencia, y en esa ausencia, buscamos resonar con algo que procede de nosotros mismo, atribuyendo ese sonido escuchado a una especie de alucinación. Creo que es llevar la idea del horror vacui a este respecto.

    Me gusta

  4. Hola Edgardo:
    Light is Calling es de una gran expresividad, muy poética, conmovedora, me ha impactado mucho emocinalmente. Creo que hay cosas que van más allá de las palabras que solo se pueden expresar a través del sonido, de la imagen, del cuerpo, a través de manifestaciones artísticas. En el arte encuentro la forma de poder expresar las emociones a niveles catárticos. También me ha sido impactante poder ver las imégenes fantasmales, de un tiempo que ya no existe como tu lo mencionas. Hay una película que se llama Nostalgia del cineasta ruso Andrei Tarkovski que para mi también ha tenido una impacto emocional muy fuerte. Tarkovski dice en su libro de Esculpir el Tiempo que para el los sonidos de las imágenes ya tienen en sin un potencial sonoro. El utiliza mucho el silencio o sonidos ambientales. Te dejo este fragmento de una secuencia de Nostalgia: https://www.youtube.com/watch?v=r61RgWbFHvc

    Saludos.

    Me gusta

  5. Hola a todxs. A mí también me resulta muy sugerente la relación entre la obra de Morrison, de Colasanto y la noción de resonancia tal como la presenta Edgardo. Particularmente, me resulta significativo el énfasis a la idea de que “lo contrario de alienación es precisamente la resonancia”, siendo que esta última, tal como señala Sergio, implica una doble vibración que, por ende, no puede resultar ajena (alienada) a ninguno de los cuerpos vibrantes.

    Personalmente, me habría gustado una mayor profundización en la relación (implícita en el texto) entre la obra de Cage y la de Rulfo. Me parece que son dos maneras muy distintas -aunque, ¿por qué no?, complementarias- de entender el silencio, y eso me lleva a preguntarme si existen diferencias significativas entre el silencio “del norte” y el “del sur”. Dicho de otro modo, me pregunto si Cage pensó alguna vez el silencio de la misma manera que lo haría alguien que camina entre los pueblos olvidados de México. ¿Qué tipo de “nada” es la que se encuentra en este tipo de lugares? ¿Cuáles son los fantasmas -remitiéndome a Pedro Páramo, pero también a David Toop- que habitan en la región inferior a la frontera sur de los Estados Unidos?

    Esto me lleva a una última reflexión, que es la siguiente: la resonancia implica la vibración de un cuerpo por la excitación de una frecuencia similar a suya; sin embargo, ¿qué ocurre cuando la fuerza de los cuerpos es asimétrica?

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s