Música encarnada en un pueblo en lucha. La Misa Campesina Nicaragüense y la revolución sandinista en Nicaragua entre 1974 y 1989

Por José Ignacio Maldonado Baeza.

Estudiante de licenciatura de la carrera en Historia de la UNAM.

Carlos-Mejía-Godoy-Misa-campesina-nicaragüense-1977

 

ANTECEDENTES

Entre 1937 y 1979 la familia Somoza gobernó Nicaragua bajo un régimen dictatorial subordinado a los intereses de Estados Unidos y marcado por la exclusión social y por graves violaciones a los derechos humanos. Debido a ello, durante estos años surgieron diversos grupos que tenían como objetivo principal derrocar a dicha familia del poder,[1] con la constante de la represión y persecución hacia los mismos. Existieron distintos intentos de derrocar a los Somoza y buscar una cambio de modelo social, entre ellos estuvieron la guerrilla con Ramón Raudales a la cabeza, el Movimiento 4 de abril (1954), el movimiento de Carlos Haslam Herrera, el Frente de Liberación Nacional, el Frente Revolucionario Sandino, el Frente Unitario Nicaragüense, Juventud Patriótica Nicaragüense o el Movimiento Nueva Nicaragua. En 1963 Carlos Fonseca habló por primera vez de un Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que unificó a las diversas facciones rebeldes y planeó las acciones que derrocaron, por medio de una guerrilla y de una insurrección popular generalizada, al régimen somocista el 19 de julio de 1979. Es importante señalar, como el propio Fonseca lo hace, que

El Frente no nació de una asamblea o de un congreso, ni lanzó una proclama anunciando su creación. Ni tampoco presentó un programa. En el Frente primero fue la acción y en base a sus primeras experiencias fue formulando y reformulando, porque siempre ha tenido un gran sentido autocrítico, su programa, su estrategia y su táctica. El FSLN es un producto genuino de la historia popular de Nicaragua. [2]

Desde entonces, los sandinistas tomaron el poder dentro de una junta de gobierno plural y en 1984 institucionalizaron la revolución obteniendo el triunfo en las elecciones.

En este proceso de planeación y lucha, algunos miembros (curas, religiosas, laicos), comunidades y grupos de la Iglesia Católica jugaron un papel determinante debido a que, en el contexto latinoamericano, personas pertenecientes o allegadas a dicha institución buscaron que la religión se pusiera al servicio de los grupos vulnerables, “de los pobres y oprimidos” y que se involucrara con grupos marginales de campesinos, obreros[3] y pobladores de los barrios. Tras el Concilio Vaticano II[4] (1962-1965), en 1968, en la segunda reunión del Consejo Episcopal Latinoamericano en Medellín, se asumió la postura de una “iglesia comprometida con los pobres y excluidos”[5], dentro de la cual hay una corriente que asume el análisis de la realidad como fundamental, en la línea de Althusser o de poner en el árbol social en la raíz de lo económico. Este movimiento se insertó dentro de la corriente conocida como Teología de la Liberación[6] y tuvo un fuerte impacto en Latinoamérica, incluido, por supuesto, Nicaragua.

Si bien la Teología de la Liberación no puede entenderse sin los documentos resultado de esas reuniones (Concilio Vaticano  II  y  CELAM  Medellín),  y  gran  parte  de  sus  ideas  se  fundamentan  en  ellas,  no podemos considerarlos los eventos fundantes de la misma o del cristianismo comprometido pues, como se verá, existieron movimientos de cristianismo socialmente comprometido desde años antes de dichos eventos clericales.

La Teología de la Liberación tiene diversos planteamientos, entre ellos: una identificación de los textos bíblicos con la realidad latinoamericana, una humanización de la religión y sus personajes, una identificación de Dios con los “oprimidos” y más pobres, un énfasis en crear un sentido comunitario, un énfasis en la importancia de la vida en comunidad y un rechazo abierto a la opresión y violación de los Derechos Humanos. Retoma el método “ver, juzgar, actuar” del modelo educativo propuesto por Paulo Freire.

Sin embargo, es importante mencionar que anterior a dichas reuniones y a las reflexiones de la Teología de la Liberación, ya se había desarrollado en Latinoamérica un modelo de iglesia “encarnada y comprometida” por medio de las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs), que se establecieron en Brasil en 1956, llegaron a Nicaragua en 1966 y para 1978 ya había 200,000 CEBs en el continente. En Nicaragua las CEBs fueron focos importantes durante la lucha sandinista ya que, por medio de la reflexión bíblica, la enseñanza religiosa, las celebraciones y viviendo en comunidad, se comenzó a “crear conciencia” en la población sobre su situación de relegados. Debido a la interpretación de los textos bíblicos muy ligada al contexto y situación nicaragüense, gran parte de los miembros de estas comunidades se adhirieron con facilidad al movimiento sandinista. [7]

Existen elementos para afirmar que existió una estrecha relación entre el cristianismo comprometido y la revolución pues ambos surgieron en un mismo contexto y tiempo. Arnaldo Zenteno precisa que “Sergio Méndez Arceo tan cercano a la Revolución, decía: ‘Entre cristianismo y revolución no hay contradicción, pero tampoco identificación’ o sea hay profunda sintonía, pero no total identificación”[8].

Una de las comunidades de cristianos comprometidos más significativas de Nicaragua fue la de Solentiname, fundada en 1966 en una isla por el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal y que llegó a tener renombre internacional ya que ahí se desarrollaron una serie de actividades como talleres de poesía o pintura que tuvieron como resultado producciones de los habitantes de la comunidad. Dicho archipiélago, a través de una vida comunitaria cercana al comunismo y al cristianismo primitivo, resultó ser un factor fundamental para la composición de la Misa Campesina Nicaragüense.

PLANTEAMIENTO

La Misa Campesina Nicaragüense, composición colectiva que encabezó Carlos Mejía Godoy[9] fue realizada y estrenada en 1974. A decir de Fernando Cardenal[10] y del propio Carlos Mejía Godoy[11] la idea original fue del jesuita Martin Mateo, español que entonces estaba en Nicaragua. Él se lo propuso a Fernando Cardenal y Fernando se lo planteó a Carlos Mejía Godoy. Como Fernando vio que Carlos no encontraba tiempo para dedicarlo a crear la Misa Campesina, lo “secuestró” y se fue con él a Solentiname. En la isla, los hermanos Cardenal platicaban sobre el sentido de cada parte de la Misa en el contexto de Nicaragua y de la Teología de la Liberación.  Políticamente eran los tiempos de la dictadura somocista- y luego esto lo conversaban con Carlos, y Carlos dialogando con ellos y con los campesinos de Solentiname fue elaborando toda la parte musical de la Misa Campesina Nicaragüense -que recoge ritmos, estilo etc. de la música nicaragüense de diversas regiones. La Misa se lanzó, se inauguró unos pocos años antes de la insurrección y del triunfo del 79.[12]

La obra respeta en lo esencial la estructura del género musical de la Misa y se divide en nueve partes: Canto de entrada, Kyrie, Gloria, Credo, Ofertorio, Canto de Meditación, Santo, Comunión y Canto de despedida, además de esto se incluye un canto indígena nicaragüense: Miskito Lawana. Scruggs califica a esta Misa como “Misa con compromiso social” debido a que el contenido de la letra no es una mera traducción de los textos eclesiales, sino una reinterpretación de los mismos releída desde el contexto nicaragüense.[13] El texto de la Misa refleja muchos de los puntos planteados por la Teología de la Liberación: utiliza nombres de elementos locales, propios de Nicaragua (flora y fauna, nombres de personas y lugares) y los valora especialmente[14] y además, musicalmente, hace uso de géneros típicos de la canción nicaragüense. Podemos hablar de una “Misa encarnada en la cultura nicaragüense, en los ideales de liberación de los diversos grupos cristianos comprometidos”[15]. Al mismo tiempo respondió a un contexto específico, en el que varios grupos, religiosos y no religiosos, buscaban ideales comunes como el fin de la opresión, el respeto a la dignidad y a los derechos humanos, entre otros; es decir, una sociedad distinta, una nueva Nicaragua.

La Misa tiene un marcado contenido social e invita a una toma de conciencia y a luchar contra la opresión. Inicia diciendo “vos sos el Dios de los pobres, el Dios humano y sencillo, el Dios que suda en la calle, el Dios de rostro curtido” (Canto de entrada). Le pide a Dios que se solidarice “no con la clase opresora que exprime y devora a la comunidad, sino con el oprimido, con el pueblo mío sediento de paz” (Kyrie). Pide gloria “al que denuncia sin miedo la injusticia, gloria al que sufre la cárcel y el destierro y da su vida combatiendo al opresor” (Gloria). Cree en un “Cristo obrero” que resucita “en cada brazo que se alza para defender al pueblo del dominio explotador” (Credo). Asimismo, le ofrece a Dios “con Nicaragua entera, los bejucos de mis brazos y el vivo entusiasmo de mi corazón” (Ofertorio). Al tiempo que alaba a Dios porque fue “rebelde, luchando noche y día contra la injusticia de la humanidad” (Canto de meditación). Ve la comunión como “compromiso y vivencia” pues al hacerlo “es decir yo soy cristiano y conmigo hermano vos podés contar” (Comunión). Y finaliza alegremente diciendo que “no hay cosa más bonita que mirar a un pueblo reunido que lucha cuando quiere mejorar porque está decidido” (Canto de despedida). Aquí se plasma claramente la idea antes mencionada respecto a la idea de no contradicción entre cristianismo y revolución.

Quizá haya diferencia en que es una invitación a la insurrección, a denunciar la injusticia, más no explícitamente a la violencia. A pesar de que, a lo largo de la historia del cristianismo, muchas veces se ha utilizado la religión para justificar la violencia, con una lectura cuidadosa de sus textos básicos (contenidos en La Biblia), no se puede asumir una incitación al uso de la violencia, pero sí la denuncia contra la injusticia y la opresión. Retomo la idea de Chuno Blandón, quién habla de una “necesidad histórica”[16], que estos grupos notaron.

En ese mismo sentido, es notable la diferencia en el discurso en las letras de la Misa, comparadas con las del disco del mismo Carlos Mejía Godoy en coautoría con su hermano Luis Enrique, Guitarra Armada (1979), en el que hacen uso de ritmos y canciones conocidas para explicar al escucha técnicas relativas a la utilización de diversos tipos de armas. Así, tenemos canciones donde se explica cómo desarmar un fusil o como preparar una munición. Contrario a la Misa Campesina Nicaragüense, Guitarra Armada sí es un disco que invita a tomar las armas y que enseña a la población cómo hacerlo.

Para entender la tensión entre el cristianismo y el uso de la violencia resulta necesario revisar los documentos de la CELAM de Medellín, donde se estableció que el cristiano “no deja de ver que América Latina se encuentra, en muchas partes, en una situación de injusticia que puede llamarse violencia institucionalizada […]”.[17] Asimismo se menciona que “no hay que abusar de la paciencia de un pueblo que soporta durante años una condición que difícilmente aceptarían quienes tienen una mayor conciencia de los derechos humanos”.[18]

Existen elementos para pensar que la Misa Campesina Nicaragüense tuvo un papel fundamental en el proceso revolucionario gracias a las características antes mencionadas que insertan este producto cultural “encarnado”, como un factor que contribuyó al triunfo de la lucha sandinista. La Misa pasó a formar parte del imaginario colectivo del pueblo nicaragüense. Las canciones de la Misa no sólo eran interpretadas en eucaristías católicas, sino que incluso la juventud, aún la no católica, las conocía y cantaba junto con otras canciones de protesta o críticas insertas en la llamada Nueva Canción Latinoamericana.  Asimismo, la Misa se insertó en una etapa de represión generalizada, y entre ella, una llamada “represión cultural”[19] del régimen somocista.

Consideraciones finales

La Misa Campesina Nicaragüense fue una obra musical que tuvo impacto durante la lucha y gobierno del FSLN. Esto da pie a pensar que fue un elemento que permitió al FSLN lograr la adhesión de una parte considerable de la población debido a que el contenido de la Misa estaba “encarnado” en el contexto y cultura nicaragüenses al tiempo que respondía a los ideales comunes del Frente, la iglesia comprometida y la sociedad de un cambio por un modelo sin opresión, más justo y con respeto a la dignidad y derechos de las personas.

No se trata de “la Misa de Mejía Godoy”, “la Misa de la Iglesia”[20] o de “la Misa del FSLN”, sino que es una obra que al estar “encarnada” en la cultura nicaragüense forma parte de un imaginario popular. Por ello el pueblo nicaragüense la adopta de diversas maneras: como música religiosa, como una invitación a la liberación, como música que apoya su movimiento o incluso como “su” música, es decir “su Misa”.

Considero que la Misa, debido al contenido de su letra, es una invitación a la lucha por la justicia social. A pesar de que algunos miembros de la Iglesia no pudieran manifestarse a favor de la violencia, vieron el levantamiento armado como una “necesidad histórica” que apoyaron. La Misa es uno de los elementos que ayudaron en dicha labor.

El contexto en cuanto a lo musical (Nueva Canción Latinoamericana) que revalora la música tradicional y la música popular, tuvo un papel fundamental en los años revolucionarios y post-revolucionarios por lo que no podemos entender la composición fuera de dicho contexto.

La música, para una considerable parte de la población nicaragüense, es un elemento muy importante. Es común que durante las vigilias previas a los festejos del 19 de julio o en actos políticos del FSLN como la conmemoración anual del triunfo de la Revolución, se dedique una parte considerable de tiempo a escuchar música y canciones “testimoniales” y “revolucionarias”. Dicha actividad permite explicar el papel preponderante de la música antes, durante y después de la insurrección sandinista.

A pesar de que la Misa utiliza muchos elementos locales de Nicaragua, es una obra que puede generar empatía en otros contextos ya que nos invita a un cambo de modelo social y promueve una serie de propuestas como la justicia, la paz, la dignidad y la comunidad.

NOTA: Puede descargarse la grabación original de la Misa Campesina Nicaragüense en el siguiente enlace: https://archive.org/details/perreraccmgmcn1977

BIBLIOGRAFÍA

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Entrevistas:

  • Arnaldo Zenteno (sacerdote jesuita)
  • Carlos Mejía Godoy (cantautor)
  • Fernando Cardenal (sacerdote jesuita)
  • Luciano Sequeira (músico, miembro de las CEBs)
  • Miguel D’Escotto (sacerdote Maryknoll)
  • Margarita Zavala (religiosa)
  • Kora Martínez (miembro de las CEBs)
  • Yelba Reyes (miembro de las CEBs)
  • Orlando Medina (exgeuerrillero del FSLN)

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[1]   Dichos movimientos fueron de diversas posturas y con distintos objetivos. Hay movimientos antisomocistas de corte conservador, como los hay liberales y revolucionarios. Algunos de ellos coincidieron en tomar la figura de Augusto César Sandino, quien luchara contra la intervención estadounidense en Nicaragua a principios del siglo XX, como ejemplo y modelo.

[2]   Carlos Fonseca, en: Matilde Zimmermann, Sandinista. Carlos Fonseca and the Nicaraguan Revolution, p. 74. [Traducción mía]

[3]   Este sector fue menor en Nicaragua pues tenía poca industria, ya que ha sido un país agroexportador y de consumo interno.

[4]   El Concilio Vaticano II consistió en una serie de reformas en la doctrina y en las prácticas de la iglesia católica que buscaron una actualización de la misma. Trajeron consigo un nuevo modo de ver la Iglesia, el mundo, la relación iglesia-mundo, el papel del laico, entre otras cosas.

[5]   La llamada, en forma despectiva, “iglesia popular” no fue bien vista por gran parte de la Iglesia Católica, en especial por las jerarquías. Juan Pablo II y la Congregación para la Doctrina de la Fe hicieron reiterados llamados a la “unidad” condenando este modelo de iglesia.

[6]   Hay que entender a la Teología de la Liberación como una reflexión inductiva, que analiza y reflexiona sobre la realidad de América Latina, no como un modelo que parta de la teoría.

[7]   Muchos nicaragüenses participaron activamente en las insurrecciones comandadas por los sandinistas sin ser necesariamente miembros del Frente. Sin embargo, existieron personas que surgieron de comunidades cristianas y tomaron las armas y alcanzaron altos puestos en el FSLN como es el caso de Luis Carrión.

[8]   Entrevista realizada por el autor, 2015.

[9]   Carlos Mejía Godoy (Nicaragua, 1943), cantautor de música tradicional nicaragüense. Entre sus canciones más famosas están El Cristo de Palancagüina, Alforja Campesina, Quincho Barrilete, Nicaragua, Nicaragüita y su disco Guitarra Armada.

[10] Entrevista realizada por Arnaldo Zenteno con motivo de la presente investigación, 2015.

[11] Entrevista realizada por el autor con motivo de la presente investigación, julio de 2016.

[12] Fernando Cardenal. Entrevista realizada por Arnaldo Zenteno con motivo de la presente investigación, 2015.

[13] T. M. Scruggs, “Las Misas Nicaragüenses: popular, campesina y del pueblo”, en: Istmo. Revista virtual de estudios literarios y culturales centroamericanos.

[14] Para Arnaldo Zenteno, debido a estas características, en cierto sentido es una Misa Ecológica adelantándose a su tiempo. (Entrevista realizada por el autor, 2015)

[15] Arnaldo Zenteno. (Entrevista realizada por el autor, 2015)

[16] Blandón, Jesús Miguel (Chuno), Entre Sandino y Fonseca. La lucha de los pueblos de Nicaragua, Centroamérica y el Caribe contra las dictaduras y las intervenciones USA, 1934-1961.

[17] Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, p. 72.

[18] Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, p. 72.

[19] A instancias del FSLN, Fernando Cardenal denunció en noviembre de 1976 ante el Subcomité de Organizaciones Internacionales de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos un “recuento sumario, y por supuesto incompleto, de los derechos humanos violados sistemáticamente por el régimen de la familia Somoza y su ejército pretoriano, la Guardia Nacional, en estos últimos dos años [1974-1976]” en el que incluye la represión cultural. En: Gaceta Sandinista, número especial, noviembre 1976, citado en: Emma Yanes Rizo, Araceli. Nicaragua 1976-1979: la libertad de vivir, p. 65-70.

[20] En el Concilio Vaticano II se define a la Iglesia como “pueblo de Dios”, es decir, que la Iglesia ya no recae sólo en las jerarquías sino en todos los fieles. Por ello puede decirse que no es una “Misa de la Jerrquía”, pero podría aseverarse que sí es una “Misa de la Iglesia”, en tanto pueblo de Dios.

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