Una experiencia etnográfica en el estudio de la música como factor de diferenciación social en Tlacotalpan Veracruz, México

Emma Leticia Ruíz Torija

Escuela Nacional de Antropología e Historia

emmatorija@hotmail.com

Introducción

La presente ponencia tiene como objetivo principal exponer, de forma general, la investigación doctoral que actualmente desarrollo, titulada “Las diferencias socioculturales de la población de Tlacotalpan, Veracruz y su relación con la experiencia en torno a las músicas”, con la finalidad de mostrar una reflexión sobre mi experiencia etnográfica. En aras de alcanzar lo anterior, en la primera parte de la ponencia abordo los puntos más importantes del proyecto de investigación que han dado forma a la tesis. Para ello, resalto las interrogantes, los objetivos y supuestos de trabajo que dan cuerpo al análisis doctoral. En segundo término, muestro la manera en que realizo actualmente el trabajo de campo, expongo la forma en que me he acercado a la localidad, así como también las herramientas y técnicas utilizadas para la indagación empírica. Por último, señalo una reflexión acerca del qué hacer etnográfico, específicamente, sobre los dilemas a los que se enfrenta el etnógrafo, en su intención de querer entender un “lenguaje nativo” o una perspectiva emic desconocida, en muchas ocasiones escurridiza.

Desarrollo

De esta forma, es importante destacar que mi inquietud por investigar las expresiones musicales en el municipio de Tlacotalpan, Veracruz, nace a raíz de que observé la importancia que tiene la música en la localidad. En 2012 tuve la oportunidad de concluir con la investigación de maestría, sobre los cambios generados en la vida de la población de la ciudad de Tlacotalpan, después de las inundaciones de septiembre y octubre de 2010. Con base en este trabajo, pude darme cuenta de que la vida diaria y el orden simbólico de la población estaban estrechamente ligados con el tema de la música. Por ejemplo, en cada relato1 sobre el desastre, las personas exponían comentarios sobre su experiencia vivida y la música. Fue así como surgió una de las interrogantes iniciales más importantes, ¿Qué papel está jugando la música en la dinámica sociocultural de la población del municipio?

Además, gracias a ese estudio precedente pude darme cuenta de que, las diferencias socioculturales de la población intervienen en su experiencia social, esta incluye la manera en que se enfrenta un desastre, o se convive con los vecinos; dicha información me generó la inquietud de saber, ¿Qué relación tiene la diferencia social entre los habitantes del municipio y la música? Esto último, marcó la pauta para plantear la pregunta más importante de la investigación, la cual versa así: Desde el punto de vista de los lugareños, ¿Cómo se expresan las diferencias socioculturales de la población del municipio de Tlacotalpan, Veracruz en la construcción de su experiencia en torno a las músicas?

Con base en el trabajo de campo, puedo exponer que dicha interrogante es pertinente debido a que, la población presenta un abanico de expresiones musicales que han convivido a lo largo de su historia. Estas expresiones están representadas por grupos de “salsa” como La Orquesta Salsabor, el grupo Sibemol, entre otros; por el cantante de “trova” y “bolero” Flavio Salamanca, con la presencia de la “música de banda” con la Orquesta de Oro Tlacotalpan; con grupos de música cuyo instrumento principal es el teclado y recientemente, con el rapero de diez y seis años Rafael Lara. Estas agrupaciones musicales y/o artistas mantienen su presencia en bailes públicos dirigidos para el disfrute de la población oriunda y turística, donde se puede notar la participación de los habitantes de la zona centro de la ciudad, las colonias periféricas a ella y el área de los ranchos.

En relación a lo anterior, el objetivo general de la investigación es el siguiente: Indagar y analizar cómo se están expresando las diferencias socioculturales de la población del municipio de Tlacotalpan, en la construcción de su experiencia en torno a las músicas. Esto, con la finalidad de alcanzar los siguientes objetivos específicos: 1) Escudriñar cuáles son los elementos que los pobladores establecen para identificarse y distinguirse socioculturalmente dentro de la localidad; 2) Analizar qué marcas simbólicas generan ellos para expresar dicha diferenciación e identificación; 3) Investigar sobre los saberes y experiencias, que desde el juicio de la población de Tlacotalpan, se generan en torno a las músicas creadas ahí, 4) Analizar de qué forma las diferencias socioculturales de los lugareños pueden estar expresándose en su experiencia musical y 5) Escudriñar e interpretar cuál es el significado simbólico de tal vivencia.

En aras de cumplir estos objetivos planteo dos supuestos de investigación:

a) Las diferencias socioculturales de la población del municipio de Tlacotalpan, construidas históricamente, se expresan a través de sus saberes y experiencias en torno a las músicas; b) la experiencia musical de los pobladores es expresión simbólica de un proceso de exclusión, prescindencia sociocultural y de una lógica social de evasión del “otro”.

Con el presente trabajo de investigación, argumento la importancia que adquiere el estudio de la música, desde una perspectiva antropológica, en el entendimiento, no solo del orden simbólico de una sociedad, sino de la forma en que ésta es organizada política, económica y culturalmente. Pretendo reforzar el postulado de que el estudio antropológico de la música es útil para profundizar en la investigación de una sociedad, más allá del tema de la recreación, el esparcimiento, la estética, lo lúdico o la cohesión social. En este trabajo destaco que, el estudio de la música da luz sobre procesos de diferenciación social, así como de orden simbólico, los cuales tienen injerencia actualmente en la experiencia de vida de los actores. De esta manera, en mi análisis pretendo profundizar en el estudio de la música, vista como una ventana para conocer la construcción de identificaciones, distinciones y sentidos de pertenencia, bajo las cuales, una localidad genera marcas simbólicas de diferencia social. Considero que es en la experiencia en torno a las músicas, que los actores sociales pueden reconocerse a sí mismos y paralelamente, legitimar diferencias respecto al otro.

En aras de responder a la pregunta de investigación, es necesario mencionar cuál es mi universo de análisis. Así, el estudio se realiza en el municipio de Tlacotalpan, Veracruz, porque, es un lugar donde ha existido la convivencia de varias prácticas musicales a lo largo de su historia, y además, con base en el trabajo de campo, considero que la música tiene un lugar importante en la dinámica sociocultural, incluso en estados de profunda crisis como el desastre de 2010. Como lo mencioné anteriormente, en la localidad existe la creación musical de varios géneros. Si bien haré una descripción sobre las diferentes prácticas musicales, sólo me centraré en la música denominada por la población como: “música con teclados”, la cual maneja aquel instrumento como base de su creación. La forma en que se crea y difunde esta práctica musical expresa las diferencias socioculturales de la población, así como el orden simbólico que le subyace.

De esta forma, me centro en tres zonas que, a partir de una investigación precedente, denomino como zona centro de la ciudad, las colonias periféricas al centro y el área de los ranchos. Esto, con la intención de indagar sobre las experiencias musicales de la población con referencia a esas tres áreas. Con base en el trabajo de maestría, me di cuenta de que esa división espacial tiene injerencia, en la forma en que se vive una determinada experiencia social. De entre esta población, las unidades de análisis han sido habitantes de cada una de las zonas mencionadas. Las edades de las personas entrevistadas oscilan entre los diez y seis y cincuenta años; ocho personas han sido hombres y las otras cinco restantes son mujeres.

El análisis de la práctica de la música con teclado se centra en varias agrupaciones locales, dos son pertenecientes a la ciudad de Tlacotalpan, el de la zona centro es “Caballito Show” y el de las colonias periféricas es el extinto conjunto “Universo 2000”, el cual fue reconocido fuera del área estatal. Las otras dos agrupaciones están integradas por músicos originarios de la zona de los ranchos, los cuales de forma intermitente, sin profesionalizar del todo su trabajo participan en bailes o fiestas de cumpleaños en esa área del municipio.

Ahora bien, asentado lo anterior, es importante mencionar, de forma breve, cómo es que he realizado el trabajo de indagación empírica.

El trabajo de campo alrededor de la investigación sobre las músicas en Tlacotalpan, lo he realizado desde diciembre de 2012, pero he tenido acercamientos a la localidad desde abril de 2010. Desde el principio del trabajo me he valido de varias herramientas etnográficas, sin embargo, la que ha fomentado acercamientos profundos es la plática informal. A pesar de su característica casual, estas conversaciones me han dado la oportunidad de conocer las diferentes facetas de los colaboradores de la investigación. Tal herramienta posibilitó saber no sólo sobre el tema de la música, sino sobre los vínculos afectivos, relaciones económicas, historias familiares, recuerdos dolorosos. Me ha permitido quitar ese halo formal y acartonado de los primeros acercamientos con las personas. Es bajo la plática informal que logré concertar citas para posteriores entrevistas a profundidad. Éstas últimas, me posibilitaron escudriñar acerca de temas de importancia capital para la investigación, como la historia familiar y personal de los colaboradores, su experiencia de vida diaria, además de su vivencia en torno a las músicas. Utilizar esta herramienta ha vuelto posible que no sólo coleccione datos empíricos, sino que además, me adentre en un diálogo de retroalimentación humana. Otra de las herramientas utilizadas es la observación participante en fiestas patronales, bailes locales, reuniones familiares o en las que participa la mayoría de la localidad; como clausuras de ciclos escolares, eventos de propaganda y cierre de campañas políticas, eventos especiales como campañas de salud, velorios, entre otros. Sin embargo, me he dado a la tarea, antes de participar de forma parca, de escuchar, intentar hacer una investigación empírica donde no sólo observe, sino que escuche con atención, con verdadero interés en la experiencia de las personas.

De igual forma, utilizo el clip de video para observar y escuchar los ensayos de las agrupaciones locales, así como también la algarabía generada por la población alrededor de la experiencia. Escucho las producciones musicales, que los colaboradores consideran que son parte de su acervo familiar y personal. Por último, utilizo la fotografía para captar la expresión gráfica, de varias de las marcas simbólicas de diferencia sociocultural a nivel de la indumentaria, así como los lugares de reunión preferenciales.

Durante esta labor de trabajo de campo, he tenido algunos problemas para lograr entrevistas de los habitantes del área de los ranchos, ha sido un trabajo arduo de persuasión, dada la desconfianza que sienten hacia las personas que no sean oriundas de esa zona. En la parte de la ciudad, los pobladores se han mostrado interesados en el trabajo, muy amablemente me regalan material fotográfico, clips de video y audio para continuar con la investigación, además, me permiten asistir o participar en eventos locales. Falta por seguir reforzando el trabajo en el área de los ranchos, cuestión que realizaré en las estancias de trabajo de campo venideras.

Ahora bien, queriendo alcanzar el objetivo de esta ponencia, retomo una de las ideas de Francisco Cruces (2003) sobre el qué hacer etnográfico actual, la cual dice que “…el trabajo de campo no es sólo una narrativa: es también una experiencia…” (Cruces, 2003: 162) Y, desde mi propia vivencia, la he experimentado en dos niveles, en el personal y en el plano metodológico.

Al primero lo denomino así porque tiene que ver con una postura propia. Ésta ha desencadenado una nueva actitud, en el momento de utilizar herramientas y técnicas etnográficas para escuchar a la población de Tlacotalpan. Dicho sea de paso, esta postura-actitud ha sido influenciada por el trabajo de varios antropólogos sensibles a la condición humana y por las personas de Tlacotalpan que acceden a platicar sobre su vida.

Al respecto, el antropólogo colombiano Alejandro Castillejo (2003) ha realizado reflexiones importantes, sobre el trabajo de campo desde una postura sensible al acontecer social, él se enfocó en situaciones de violencia. De entre sus muchos textos, “El antropólogo como otro: Conocimiento, hegemonía y el proyecto antropológico”, es un trabajo con el que mi propia investigación tiene cercanía; el tema del silencio y la evasión de las personas para hablar con el etnógrafo es lo que empató con mi experiencia.

Al llegar a Tlacotalpan me vi en la disyuntiva común del antropólogo en campo, ¿dónde instalarme? No conocía el lugar, así que tuve que confiar en los servidores de transporte público, quienes me indicaron algunas casas donde alquilaban cuartos. La elección en qué lugar hospedarme fue algo meramente circunstancial. Así, tomé una de las decisiones que han configurado la forma en cómo me acerco al tema de estudio.

Renté un lugar en la colonia centro histórico, en la ciudad de Tlacotalpan. Los viáticos alcanzaron y tuve la oportunidad de estar bastante cómoda. Sin embargo, mi ubicación física determinó la forma en que la población de Tlacotalpan me observó a partir de ese momento. Para unas personas me encuentro más cercana a su vida diaria, a la forma de vestir, de bailar y caminar, pero para otras soy completamente ajena, extraña y entrometida. Ahora me doy cuenta que escoger, incluso, dónde hospedarte, tiene implicaciones para el trabajo a futuro.

Así comencé el trabajo de campo. Entablé pláticas informales en la calle, conocí a muchas personas solidarias para hacer la investigación. Varios músicos me dieron entrevistas, material de video y audio. Tuve la oportunidad de escuchar, junto con varios miembros de familias nucleares, todo su acervo musical. Participé en tertulias donde la memoria familiar era el centro de las pláticas. He escuchado historias, relatos sobre cómo la música es el centro de romances, pleitos y del desastre ocurrido en 2010. Pero, todas estas historias fueron narradas por la población que habita la ciudad de Tlacotalpan. Durante la revisión de las historias, relatos y pistas de música, logré darme cuenta de que no tenía información sobre la población que vive en la zona de los ranchos. Eran escasos los datos sobre las prácticas musicales o la historia del desarrollo socio histórico en esa área. Mi tesis precedente de la localidad sólo concierne a la ciudad. Por tal motivo, decidí regresar a la localidad con el objetivo de acercarme a dicha población.

Al intentar entrevistar a los pobladores de la zona de los ranchos, me topé con dos actitudes muy marcadas, el silencio y la evasión. Intenté entablar pláticas informales con aquellas personas y sólo recibía evasiones sobre cualquier tema, respuestas con palabras monosilábicas: si y no era lo único que obtenía; podría decirse que me acerqué con una estrategia errónea, es decir, quise entablar conversación en los lugares de trabajo de las personas. Al darme cuenta de ello, cambié la estrategia, concerté citas fuera del tiempo laboral, pero la respuesta fue la misma, seguía presente la evasión y el silencio. Pronto me desesperé, pidiendo asesoría me di cuenta que la primera elección que hice llegando a Tlacotalpan, hospedarme en la ciudad, sí había tenido implicaciones, pero en ese momento no me di cuenta de la profundidad del tema.

Seguí las sugerencias, me acerqué a la población del área de los ranchos y se me dio la oportunidad de ser atendida con amabilidad y respeto, pero la información ha tardado en llegar, el acceso no es fácil, en esa zona del municipio soy vista como ajena, extraña y entrometida.

Sin embargo, los impedimentos que vivo para acercarme a la población de los ranchos, van más allá de las implicaciones políticas que tiene hospedarse en un lugar u otro. Es importante saber que, la localidad del municipio de Tlacotalpan vive en un contexto donde el silencio y la evasión son parte de las interrelaciones sociales y las prácticas culturales. Castillejo habla en su texto de algo similar sobre su trabajo en el Sur de África y la lucha antiapartheid, específicamente, cuando menciona sobre el trabajo de campo que hizo en Ciudad del Cabo y la localidad segregada de Gugulethu, para saber cómo se recuerdan (y se olvidan) dos eventos relacionados con esa lucha en ambos lugares. En la localidad de Gugulethu se encontró con el silencio de la población para relatar un hecho en específico, la muerte de siete jóvenes; en comparación con la actitud en ciudad del Cabo, donde las personas le otorgaron, -después se dio cuenta que superficialmente-, la facilidad de acceder a lo que sucedió, respecto a la muerte de tres niños a manos de la fuerza de seguridad. (Castillejo, 2003: 16)

En este sentido, menciona que “…con el fin de ocultar las divergencias políticas que existían en los movimientos de liberación en el área, el silencio se había convertido en la mejor manera de manejar las fracturas ideológicas.” (Castillejo, 2003: 17) Para Castillejo “…el silencio que las madres me solicitaron respetar, y pronto entendí que precisamente era este silencio, y las formas y fisonomías que tenía, lo que constituía la textura del recuerdo en la Sudáfrica contemporánea.” (Castillejo, 2003: 19) Es decir, la situación que vive un antropólogo para hacer el trabajo de campo es expresión de un contexto en específico. En Tlacotalpan sucede algo parecido, dentro de la población del área de los ranchos existe una actitud de evasión del otro que es diferente, gracias a que históricamente ellos han estado sujetos a una prescindencia social en el ámbito económico, cultural, político en el municipio de Tlacotalpan. Ya lo mencionaba el etnohistoriador mexicano Aguirre Beltrán: Este es un proceso que se ha generado entre la población del municipio; comenzó a partir del impulso que da, a Tlacotalpan, la agregación de población española y su desarrollo económico y social. Como un espejo, este empuje económico, social y político refleja “…la emergencia de un sentimiento de prescindencia desplazamiento y despojo en la población india que ésta nutre y fomenta. Al correr del tiempo, el complejo ideológico crece y se desenvuelve en contienda étnica que enfrenta a naturales y gente de razón y los segrega…” (Aguirre Beltrán, 2008: 263) Aguirre Beltrán menciona en su texto que este sentimiento se presenta en la población india. Considero que este proceso sentó las bases para la actual diferenciación, entre la población de la ciudad versus la de los del ranchos, así como también, entre la población del centro histórico versus habitantes de las colonias periféricas.

Esta prescindencia ha llevado a la población que habita dicha zona a evitarme, a no darme entrevistas y guardar silencio. Pero, este silencio denota algo importante. Paradójicamente, es el silencio, lo que se calla, la voz que expresa la diferenciación sociocultural entre los habitantes del municipio. Una diferencia que supongo está impregnada de exclusión social.

Los rasgos de dicha exclusión los he podido observar, en la forma en que las personas citadinas se diferencian de los habitantes del área de los ranchos, a través de estas frases, “…en esa camioneta va la rancherada…”, o “…a este baile viene la pura rancherada”, “…esta música la oye la rancherada…”, entre otras. Es importante mencionar que tales comentarios no evitan el establecimiento de lazos afectivos, vecinales y familiares. Este termino, la rancherada, es utilizado por la población del centro histórico para distinguirse del otro; también lo he observado en sus prácticas musicales. Uno de los términos usados para referirse a la música que se crea en la zona de los ranchos es la de “música chuntata”. Desde la perspectiva de la población urbana, éste tipo de música se caracteriza por contener sólo un instrumento, este es, el teclado, pues según ellos, la población que habita los ranchos no tiene los recursos para comprar uno diferente o acceder al estudio formal de la música, además, sólo tocan en eventos propios de la zona: fiestas de cumpleaños, del Santo patrono, bodas, etcétera. Esto ha sido desmentido. Por el momento, puedo mencionar que en los ranchos Pérez y Jiménez, San Jerónimo, La Candelaria, entre otros, una de las prácticas musicales vigente es el Son jarocho, además, existen conjuntos de música de banda.

En este sentido, la población de la ciudad desconoce la gama de creaciones musicales que hacen las personas en los ranchos, no saben sobre sus fiestas patronales o su dinámica de vida diaria. Existen relaciones laborales, vecinales y lazos matrimoniales entre ellos, pero están impregnados de referencias de corte peyorativo, como el término rancherada o música chuntata. Esta actitud de la población citadina hacia los habitantes de los ranchos ha tenido una respuesta, el silencio. Quedarse callado dice mucho. Las opiniones que he podido escuchar de la población de la zona de los ranchos callan las fracturas internas, entre la población urbícola y ellos. A excepción de unas cuantas personas entrevistadas, tales habitantes prefieren hablar de las bondades de vivir ahí, de lo apacible que se encuentran, de la comida, la música o el baile. Pareciera como si sus vecinos en la ciudad no estuvieran presentes en su entorno.

Cabe resaltar que, cuando un habitante de los ranchos tiene mucho contacto con la ciudad por sus actividades diarias, es blanco de bromas sarcásticas, así como de reclamos hechos por familiares y vecinos, respecto a su lealtad al lugar de origen o su supuesta adhesión a la vida en la ciudad. El contacto que mantienen con las personas citadinas es diaria, así como necesaria, sin embargo, tal situación no quiere decir que se sientan parte de su dinámica. Es decir, la población habitante de los ranchos se reconoce como parte de su lugar de origen, son oriundos de ahí, antes que pertenecer a la jurisdicción del municipio. De tal manera, mantienen en el nivel simbólico un distanciamiento frente a sus vecinos urbícolas.

Esta situación la pude detectar poniendo atención en el silencio de las personas. Para ello, he tenido un cambio sobre la experiencia etnográfica a nivel metodológico y por ende, adquirí una actitud personal distinta. Las técnicas y herramientas para obtener información ahora son para mí, los medios de conocimiento etnográfico, para saber un poco sobre las personas, el hilo que me conduce a desentrañar algunas de sus ideas, emociones, pasiones y conflictos; además que sientan las bases para la retroalimentación, pues en esos encuentros también comparto parte de mis propias experiencias con mesura.

Sensibilizar mi propio trabajo de campo es la meta a corto plazo. Si bien, me interesa saber cuáles son sus opiniones respecto a las diferencias socioculturales y las prácticas musicales, he intentado ser sensible a su falta de respuesta. Lo que he hecho es reflexionar sobre la pertinencia de utilizar los medios de conocimiento etnográfico, antes de elegir ponerlos en práctica, pero sobre todo, parafraseando a Castillejo, intento revisar, de manera especial, las condiciones históricas bajos la cuales estos silencios se consolidan, en vez de “adjudicarle” a los pobladores en forma paternalista un espacio, dentro de “mi” texto. (Castillejo: 2003: 19)

Conclusión

Para finalizar mi ponencia, quiero recalcar que ser sensible a lo que se calla, me ha implicado un trabajo de campo que tenga conciencia, no sólo de las condiciones históricas de los silencios, sino que además me ha ratificado lo que planteó Díaz Cruz sobre la experiencia, “…comprendemos a los otros y sus narrativas a partir de nuestras experiencias y autocomprensión, a partir de nuestro horizonte y tradición, siempre provisionales con disposición al cambio, inestables y en conflicto”. (Díaz, 1997:13) Esta presencia etnográfica, como cualquier experiencia social, intenta estructurar la vida sin fijarla. (Turner: 1985: 202 en Díaz, 1997: 13) Parafraseando a Díaz, la experiencia etnográfica no es estable, ni inmediata, tampoco le precede un esquema conceptual que la ordene u organice del todo, porque el lenguaje teórico en tanto institución, los dispositivos tecnológicos de expresión en uso, los símbolos o tipos simbólicos que legitiman y sirven de referente de la existencia social no están dados de una vez por todas: son temporales, ambiguos y recreados. La experiencia etnográfica, el significado que le atribuimos, los valores que le asignamos, los afectos que nos provocan, las expresiones con las que la organizamos, cambiantes, constituyen un todo, un todo en movimiento. (Díaz, 1997:13) Es así como, me adhiero al planteamiento de Francisco Cruces, cuando dice que ya no podemos hacer etnografías con final feliz, en donde las sociedades parecían estables. Ahora la etnografía que realizo la hago con base en mis propios cambios de postura metodológica, aspirando a mostrar una localidad en movimiento.

Bibliografía

Aguirre Beltrán, Gonzalo

2008 Pobladores del Papaloapan: Biografía de una Hoya, Publicaciones de la Casa Chata, Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social/ Gobierno del Estado de Veracruz, 3ª. Ed., México, pp. 323

Castillejo Cuellar, Alejandro

2005 “El antropólogo como otro: Conocimiento, hegemonía y el proyecto antropológico”, Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, Universidad de los Andes, Bogotá, No. 1, julio-diciembre, pp. 15-37, disponible en internet en: http://redalyc.uaemex.mx

Cruces, Francisco

2003 “Etnografías sin final feliz. Sobre las condiciones de posibilidad de trabajo de campo urbano en contextos globalizados”, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Tomo LVIII, Cuaderno 2, pp.161-178, [fecha de consulta 15 de octubre de 2013], disponible en internet en: http://rdtp.revistas.csic.es

Díaz Cruz, Rodrigo

1997 “La vivencia en circulación. Una antropología de la experiencia” en Revista Alteridades, México, pp.5-15

Ruíz Torija, Emma Leticia

2012 Antropología de los desastres: el caso de las inundaciones de agosto y septiembre de 2010 en la Ciudad de Tlacotalpan, Veracruz, tesis de maestría, México, Escuela Nacional de Antropología e Historia, pp. 118

1Cuando la gente entregaba las despensas a los ranchos más alejados, se hacía el recorrido en lancha porque estaba todo inundado. En una de las lanchas iba tocando la jarana y declamando décimas un sonero muy famoso de Tlacotalpan, César Lara Corro. Él iba tocando mientras se entregaban las despensas. Se sentía mucha tristeza en las décimas, pero él tocó como demostrando que Tlacotalpan seguía de pie a pesar de todo.” (Entrevista realizada a la Sra. Anabel Lara, febrero de 2012) (Ruíz, 2012: 82)

Publicado por

Sísifo Pedroza

Artista e investigador mexicano. Radicado en la Ciudad de México. Me intereso principalmente estudiar las prácticas artísticas, primordialmente musicales, que se desarrollan al margen y/o en contra de la lógica cultural capitalista. Para ello, participo en diversos proyectos artisticos y grupos de investigacion, en los que realizo distintas tareas que van de la composición musical a la elaboración de fanzines, a la asesoría de investigación, el videoarte y la danza butoh. Soy miembro del Colaborativo MX (colaborativo.net) y redacto el blog elinstantedesisifo.net

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