Frank Zappa y la Dialéctica Negativa

Edwin D. Betancourth: edwindgui90@hotmail.com
La filosofía, que antaño pareció superada, sigue viva porque se dejó pasar el momento de su realización (Adorno, 1966)

Introducción

Frank Zappa (1940-1993) ha sido objeto de muchos estudios. Estos han sentado sus bases en distintos temas como: la sátira política que realizó a través de sus letras; los agudos comentarios hechos en contra de las instancias religiosas norteamericanas; el rechazo de distintas formas artísticas; así como también, el uso y mezcla indiscriminada tanto de la música “culta”, como de las músicas “populares”.

Uno de los textos que más ha llamado la atención de los seguidores y estudiosos de Zappa ha sido el libro Frank Zappa: Las dialécticas negativas del poodle play (1994) del crítico marxista Ben Watson. En este libro, Watson adopta el concepto de dialéctica negativa acuñado por Th. W. Adorno, para realizar un análisis de la obra del músico norteamericano; un trabajo que, en principio, parece ir en contra de toda lógica, dadas las fuertes críticas que Adorno hizo sobre la música de la así llamada “industria cultural”, y en la cual Zappa estuvo inmerso. Dado lo anterior, en este texto vamos a realizar una pequeña aproximación a la obra de Zappa, mediada por la categoría de dialéctica negativa, y observar hasta qué punto se hace viable un estudio de Zappa mediante el postulado adorniano.

Palabras claves: Frank Zappa, dialéctica negativa, industria cultural, razón, “alta/baja” cultura, crítica inmanente/trascendente.

 ¿Una dialéctica negativa zappiana?

En el libro Dialéctica Negativa (1966), Adorno se propone una crítica social rechazando la idea de “razón” que había gobernado desde inicios de la Ilustración. Aún más, lo que se plantea es la crítica del sistema instaurado, y la configuración de modelos racionales basados en la crítica, dialéctica, y en la negación. El planteamiento de Adorno parte de la dialéctica hegeliana, la cual resuelve en idénticos naturaleza-espíritu, razón-realidad; es decir, lima las contradicciones de los opuestos y así, la historia deviene racional. Pero, si bien Adorno toma la noción de dialéctica hegeliana, la transgrede considerablemente, ya que no ve en el mundo “real” tal desarrollo racional de la historia, “Para él (Adorno) la realidad no sólo no es racional, sino que habría llegado a alcanzar un estado de irracionalidad cualitativamente nuevo”[i]. Es por este motivo que Adorno considera la dialéctica negativa un antisistema, pues ésta no reduciría el objeto a su concepto, sino que partiría de la negación (y aceptación de la pluralidad), lo que desembocaría en la no aceptación de la realidad como producto de la racionalidad, sino, por el contrario, el producto de una no razón, o lo que sería lo mismo, una razón ilustrada y burguesa, “se podría llamar a la Dialéctica Negativa un antisistema. Con los medios de una lógica deductiva, la Dialéctica Negativa rechaza el principio de unidad y la omnipotencia y superioridad del concepto”[ii].

Pero, ¿qué relación existe entre todo lo dicho y Frank Zappa? Ben Watson, en el libro mencionado anteriormente, plantea que la música de Zappa es una crítica al capitalismo de aquel momento, ya que se encargaba de divulgar las contradicciones del sistema capitalista estadounidense, “Frank Zappa es un héroe para cualquiera que piense que el sistema de clases, junto con su división alta/baja cultura, es algo que necesita desmantelarse”[iii].

Ahora bien, antes de observar las críticas que hizo Zappa a dicho sistema, e intentar vincular dichas críticas con las propuestas adornianas, es preciso resaltar un punto en el cual podríamos encontrar ese vínculo Adorno-Zappa, y éste radica, precisamente, en la confianza que cada uno había depositado en la RAZÓN. Por un lado, Adorno critica la razón identificadora, aquella razón burguesa que reducía todas las cosas a su mero concepto, y que según ésta, la historia es un producto enteramente racional “El conocimiento es abstracción, subsunción de la realidad sensible bajo una categoría ideal, que la unifica anulando esa misma diversidad”[iv]. Así, pues, Adorno realiza una crítica de la razón por medio de la razón; acepta cabalmente que la única manera de conocer (y hacer filosofía) es mediante el concepto, la negación de éste, y su aceptación (consciente) como ente reductor al cual se le escapan las particularidades de la realidad.

Por otro lado, y como queda de manifiesto en la siguiente entrevista, Zappa cree profundamente en la razón, la cual, según Watson, es un “golpe contra la opresión”:

Born-Again Christian: Algunas de esas cosas no son relaciones sexuales normales.

Frank Zappa: Eso no significa que tienes que hacerlas. La información no te mata…

BAC: Ellos son muy jóvenes para saber la diferencia.

FZ: Los niños aprenden la diferencia al recibir información la cual ellos pueden guardar y sortear con tu ayuda como padre. Si no los dejas saber acerca de estas cosas crecerán y serán ignorantes.

BAC: Preferiría tenerlos ignorantes en ciertas cosas.

FZ: Cualquier persona que prefiera tener a sus niños siendo ignorantes está cometiendo un error –porque luego ellos pueden ser víctimas.[v]

Si bien la creencia en la razón, aún más en un tiempo donde, en palabras Watsonianas, prevalecen las escuelas “post-everything”, puede ser un punto en común entre Adorno y Zappa, esto no sería razón suficiente para sostener la idea de una dialéctica negativa zappiana. ¿Cómo podría sustentarse tal empresa?

Dado que la dialéctica negativa sienta sus bases en gran medida en los postulados del materialismo histórico marxista, aquí Watson encuentra un motivo más para argumentar su planteamiento. Watson ve en el blues, ragtime y swing (entre otros géneros musicales) productos de una clase oprimida, “formas hostiles al dominio burgués”, los cuales empleó Zappa para construir su discurso de resistencia contra la opresión capitalista. Sin embargo, esta interpretación parece más de un seguidor fiel del marxismo ortodoxo, cosa que no sucedió con Adorno. Si bien Adorno se propone una revolución social y filosófica, ésta no se basa en la insurrección de un grupo a favor de un sistema (llámese marxista), sino que sienta sus bases en una dialéctica de la negación; una revolución que aspire a la libertad del sujeto, sin la instauración de SISTEMAS de pensamiento, y realizada mediante la reflexión crítica, “Adorno admite la necesidad de la revolución y cambio social, pero negando que éste pudiera llevarse a cabo por un sujeto revolucionario colectivo”[vi]. Por ende, pensar que el hecho de que Zappa usara géneros de grupos “oprimidos” concuerda con los planteamientos adornianos, nos llevaría a una propuesta aporética. No obstante, podría sustentar aquello planteado por Watson en principio: la música de Zappa como una crítica al capitalismo y búsqueda de la libertad; pues, tal como menciona Daniel Gamper, Zappa “era un defensor radical de la libertad individual a partir de la creencia (…) que la diversidad es buena para la sociedad, y que para promoverla hay que extender al máximo las libertades individuales”[vii].

Por otro lado, algo que se le ha criticado a Zappa con mucho ahínco ha sido su vínculo cercano con la industria cultural. Este motivo sería el principal que nos llevaría a pensar en una no conciliación Adorno-Zappa, pero que, sin embargo, podríamos reconsiderar. Según Guy Debord, la sociedad ha reemplazado antiguas formas de relaciones, y ha devenido fetichización de la mercancía colonizada. Así, mediante la industrialización y los “nuevos” medios, el capitalismo ha suplantado antiguos valores por una sociedad del espectáculo, algo con lo cual fácilmente se podría identificar a Zappa, pero que claramente también criticó. Un buen ejemplo de esto es la parodia que hace de Michel Jackson (representante de la sociedad del espectáculo y la comodidad burguesa) en la canción Why don’t you like me? del disco Broadway the Hard Way (1988). Con frases como “él es blanco (…) ¿por qué no te gusto? (…) él está oxigenado”, Zappa hace una crítica de este músico perteneciente a la sociedad del espectáculo, y al aparente rechazo que sintió por su color de piel[viii].

Ahora bien, aunque Adorno criticó fuertemente la industria cultural en tanto sistema que se encargaba de narcotizar a los consumidores, Watson plantea que la mirada desdeñosa con que se ve a la industria cultural desde las academias debe ser reevaluada, ya que ésta posibilitó la cosificación de formas culturales de las clases subordinadas, “La música negra (de los negros) explotó de forma única la capacidad de grabación para cosificar el timbre individual, (…), produciendo una forma que pudo encajar dialécticamente con la cultura industrial, una dialéctica que la tradición clásica encuentra imposible de perseguir”[ix]. Además, considerando que la reproductibilidad técnica de la música propicia su masificación, aún a costa de su propia aura, tal como mencionó Walter Benjamin (1936), mediante la participación de Zappa en la industria cultural se logró hacer llegar su discurso a grupos cada vez más amplios

Aunque si bien Zappa hizo parte del sistema de producción y reificación del arte, algo que será importante considerar es cuál era su posición frente a dicho estado de inmersión (o subsunción). Para algunos críticos antisistema, el capitalismo es un “monstruo” gigantesco del cual es imposible salir, pues éste somete, a costa de todo, a aquel que intente evadir sus lineamientos (sea brindándole un estado de comodidad como sucedió con Zappa, o condenándolo a muerte). En este sentido, Adorno postuló dos tipos de métodos críticos, según la posición del sujeto respecto del sistema. Primero está la crítica inmanente; ésta era “realizada desde dentro (del sistema) a los valores del mundo administrado y a sus productos como meras mercancías. Esta crítica se realizaba desde dentro porque el propio crítico cultural estaba inmerso en esa cultura que pretendía criticar”[x]. Por último, la crítica trascendental; aquella que “pusiera de manifiesto la total ideología en la que todo se había convertido, situándose para ello como si estuviera fuera del sistema”[xi].

Ciertamente Zappa no fue un mero instrumento de la industria cultural, también fue un crítico acérrimo de ésta. Si observamos la resistencia que tuvo frente a las exigencias de dicha industria podremos entender un poco más su posición frente al caso. Uno de los actos de resistencia más notables que realizó fue desvincularse de las compañías discográficas y fundar una propia (Barking Pumpkin) debido a la censura que sufrió en varias ocasiones. Así, logró producir su propia música, sacando trabajos que habían sido rechazados debido a su crítica contra el gobierno (tal es el caso del álbum I don’t wanna get drafted [1984], donde satiriza el nuevo sistema de reclutamiento militar impuesto por el gobierno de Jimmy Carter). Debido a todos estos motivos, Watson menciona que The Mothers of Invention (el primer grupo musical formado por Zappa) “fue la fuerza musical políticamente más potente”[xii].

Por consiguiente, y a modo de conclusión, es muy difícil ubicar a Zappa como un crítico desde la dialéctica negativa adorniana, aún considerando su constante empleo de formas artísticas pertenecientes a la “alta” y “baja” cultura. Aún cuando su intención haya sido prorrumpir un discurso anticapitalista (aunque constantemente se basara en la primera enmienda de la constitución estadounidense para exigir la libertad de expresión), se presenta forzada la conexión Adorno-Zappa, y si Watson lo logra, es quizá porque lima las asperezas de los “límites” existentes entre ambos. Pero, si de alguna manera se pretende una reflexión más profunda sobre lo tratado en este texto, creemos que la vía más viable sería la (re)consideración de Zappa dentro del primer modelo crítico adorniano; esto es, un hombre que realizó una crítica inmanente, una denuncia que sería desde y contra el mundo administrado. Sin embargo, también podría pensarse a un Zappa como un crítico trascendental, esto es, posicionado desde afuera, creando resistencia a los dictámenes de tal sistema administrado.

No obstante, así como es la naturaleza misma de la dialéctica negativa (susceptible de crítica, negación), esta interpretación no se plantea como una propuesta exenta de crítica alguna. Por el contrario, ésta, al igual que lo planteado por Adorno, no aspira a la instauración de nuevos sistemas:

Si la dialéctica negativa exige la reflexión del pensamiento sobre sí mismo, esto implica palpablemente que, para ser verdadero, tiene, por lo menos hoy, que pensar también contra sí mismo[xiii].


Notas

[i] Esther Barahona Arraiza, “Categorías y Modelos en la Dialéctica Negativa de Th. W. Adorno: crítica al pensamiento idéntico”, LOGOS. Anales del seminario de metafísica vol. 39 (2006): 203-233.

[ii] Theodor W. Adorno, Dialéctica Negativa, Citado por Esther B. Ibíd, p. 205.

[iii] Ben Watson, Frank Zappa: The Negative Dialectics of Poodle Play, (New York: St. Martin’s Press, 1994), p. 553.

[iv] Esther B. Op.cit., p. 209.

[v] Senate Hearing on ‘Porn Rock’ (1985). Citado por B. Watson. op. cit., p. xiii-xiv.

[vi] Esther B. op.cit., p. 207.

[vii] Daniel Gamper, “El compromiso del artista liberal: Frank Zappa frente a la cruzada fundamentalista en Washington a mediados de los ochenta”, Guaraguao No. 23. (Invierno, 2006): p. 95.

[viii] Después, en una entrevista, M. Jackson aclaró que el cambio de color de su piel se debía a una enfermedad que padecía llamada vitíligo.

[ix] B. Watson. op.cit., p.61.

[x] Esther B. op.cit., p. 232.

[xi] Ibíd.

[xii] B. Watson. op.cit., p.130.

[xiii] Theodor W. Adorno, Dialéctica Negativa, Citado por Esther B. op.cit., p. 233.

Bibliografía

  • Adorno, Th. W. Dialéctica negativa. La jerga de la autenticidad. Alfredo B. Muñoz. Ediciones Akal, 2005.
  • Barahona Arraiza, Esther. “Categorías y Modelos en la Dialéctica Negativa de Th. W. Adorno: crítica al pensamiento idéntico”. Anales del seminario de metafísica 39 (2006): 203-233.
  • Gamper, Daniel. “El compromiso del artista liberal: Frank Zappa frente a la cruzada fundamentalista en Washington a mediados de los ochenta”. Guaraguao 23 (Invierno, 2006): p. 87-119.
  • Watson, Ben. Frank Zappa: The Negative Dialectics of Poodle Play. New York: St. Martin’s Press, 1994.

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